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La voz del Papa de los jóvenes

El pasado 6 de mayo, el que fuera el portavoz del Santo Padre durante más de 20 años, Joaquín Navarro-Valls, junto con el cardiólogo Valentí Fuster, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universitat Internacional de Catalunya. Por la tarde tuve ocasión de entrevistarle y hablamos de muchos aspectos del pontificado y la persona de Juan Pablo II. Navarro-Valls posiblemente fue, además de la persona que consiguió cambiar una mentalidad de siglos, el laico que más conocía al Papa Wojtila:
¿Fuimos amigos? Pues si por amigos se entiende una mutua confianza, el tener muchas cosas en común, entonces sí: éramos muy amigos. Pero sobre todo por la propia generosidad personal de Juan Pablo II que abría las puertas de su amistad y de sus reflexiones personales más íntimas"
Fueron veintidós años al lado de un Papa que se dejaba querer por los jóvenes porque sabían qué es lo que querían. "Vosotros podéis ser más de lo que la modernidad os dice que podéis ser"... era el mensaje de este Papa.

Si todo sigue según lo previsto, la entrevista saldrá, una en junio más reducida, en Newsuic, y otra un mes después, en portada de Mundo Cristiano. Por el momento, os dejo la entrevista que le hicieron en TV3. No tiene desperdicio.


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Madre para todo


Nuria Chinchilla es, fundamentalmente una madre. Una de esas mujeres que sin pelos en la lengua, dice lo que hay que decir y cuando hay que decirlo. Tuvo un maestro, Juan Antonio Pérez López, profesor del IESE que le enseñó a no amedrentarse nunca ante los problemas que se econtraría al querer meterse en un mundo dominado fundamentalmente por los hombres: la empresa. Y lo consiguió. Chinchilla es la primera mujer que tuvo un lugar en el Top10 Management y es toda una eminencia cuando hay que hablar -por el mundo entero- de empresa, mujer, conciliación familiar-laboral... Y esta es la entrevista que le hice en octubre de 2008.

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Juan Antonio Pérez López, profesor del IESE Business School fallecido en accidente el año 1996, decía: “Si el S. XXI funciona será porque la mujer tendrá una participación mayor en la vida social”. Nuria Chinchilla, discípula de este profesor, lo corrobora. Con sus palabras –“hasta ahora, el mundo empresarial iba con un ojo tapado, el femenino. Hoy ve la realidad de un modo más completo”–; y con los hechos: profesora del IESE, en Barcelona; licenciada en Derecho; doblemente doctora en Economía y Management; asesora de distintos organismos, públicos y privados, así como de gobiernos tanto regionales como estatal; primera mujer presente en el Top 10 Management; profesora en más de diez escuelas de negocios en el mundo entero, conferenciante, investigadora… Y, sobretodo, madre. Esposa y madre que ha sabido, como ella dice, tener clara una “trayectoria vital en la que integrar, lo mejor posible, trabajo y familia”. De hecho, sus dos grandes áreas de estudio son precisamente la de esta conciliación y trayectorias profesionales. No en vano en la Escuela de Negocios de Standford han escrito un caso sobre ella, en el que la llaman la Juana de Arco de la Conciliación en España… Al recordárselo, simplemente responde, con una sonrisa que no le abandona nunca durante toda la entrevista: “Espero no acabar quemada como ella…”

Está claro que la entrada de la mujer en el trabajo ha sido un gran avance, pero algunos achacan la crisis familiar a este hecho.
Sí. Trabajar fuera de casa, tal como está pensada la empresa de hoy, es muy difícil. Venimos de un planteamiento decimonónico, donde el punto de vista del individuo es lo que prima, no el de la familia; de una época en la que el hombre trabajaba y la mujer se quedaba en el hogar. Pero esto ya es pasado. No obstante ¿qué ocurre cuando la mujer sale a trabajar y se encuentra con una empresa pensada por hombres y para hombres? Le resulta imposible conciliar trabajo y familia. Entonces, la mujer madre empieza a exigir que tengamos unos tiempos, unas posibilidades; algo que también acaba siendo muy bueno para el hombre: un mundo de trabajo totalmente distinto. Por eso, hay que repensar la empresa, dar un vuelco al modo de entender la sociedad, pero desde el punto de vista de la familia, que es la que nos da capital humano y social, la capacidad de comprometerse, de ser solidarios…

¿Cuál es la solución, entonces? ¿Rebajar horas?
No, no. Se trata de flexibilizar los tiempos. Es la gran revolución pendiente: flexibilizar los tiempos de modo que se pase de un control por presencia, a un control, de verdad, por objetivos. No porque te vean ahí sentado, ante el ordenador, vas a tener futuro en la empresa, sino porque cumples los objetivos: hacer lo que tienes que hacer, bien hecho; desde tu casa, desde la oficina o desde la conchinchina… ¡Hoy existe el don de la ubicuidad!

Pero no siempre se podrá trabajar desde casa…
Es verdad. Hay faenas que tienen que ser desde la empresa. Pero, curiosamente, los trabajos que tienen más problemas de conciliación son los más conciliables en este sentido: los directivos de empresas, que no tienen horas. No hace falta que estemos todos a la misma hora en todas partes. Uno puede ir primero a dejar a los niños al colegio y salir, después, una hora más tarde; o sale una hora antes y sigue después, habiendo hecho los deberes con los niños, en casa… Hay muchas posibilidades de flexibilización, que no cuestan dinero a la empresas, pero sí la voluntad de ser flexibles.

¿Qué es lo que hacen las empresas?
Algunas te dan la posibilidad de llevarte la ropa a la tintorería, al llegar, y te la devuelven al terminar la jornada. Otras, como en Colombia, que trabajan con indígenas, para facilitar el trabajo doméstico, te ponen las lavadoras al entrar en la fábrica y así, en vez de ir al río para hacer la colada, la dejan al entrar y se la llevan al salir. La inventiva es muy grande.

Es un cambio de mentalidad muy potente
Sí, es un gran cambio, y ese es mi programa de vida: por eso estoy metida aquí, para intentar variar este modo de pensar. Además, es una evolución necesaria, si realmente queremos sobrevivir y no cargarnos el Planeta Tierra. Hemos tardado cincuenta años en ver que no podemos matar el medioambiente y lo debemos conservar para generaciones futuras, con leyes, sanciones… Pero estamos viviendo una nueva contaminación mucho más grave, sobretodo porque no nos damos cuenta: la sociedad está montada entorno a un egocentrismo individualista que para nada nos hace más felices. Somos más esclavos y menos humanos. Y es muy grave, también, porque estamos dando en la base que es la familia.

¿Tan grave es?
Mira, la única humanofactoría que existe es la familia. Si no la apoyamos, estamos impidiendo el desarrollo de una sociedad más productiva, más humana y, en el fondo, más feliz. Desde el punto de vista de la ecología humana, la empresa que dice que no quiere madres, lo que está haciendo es atacarse a sí misma. Y es que la gran discriminación de hoy no es por ser mujer, sino por la maternidad, potencial o actual. Cuando, en realidad, es un tema de convencimiento porque un padre y una madre están desarrollando una gran cantidad de competencias nuevas que son muy positivas para la empresa: trabajo en equipo, empatías… al escucharse mutuamente, aguantando al niño que llora. ¡Ojalá tengamos muchos padres y madres en nuestras empresas!

Sigue siendo muy difícil la conciliación…
Y no digo que no. Hay que saber elegir bien: con quién te casas, dónde vives y a dónde vas a trabajar. Eso significa conocerse y tener un proyecto de vida claro. Si te casas, tener clara tu “misión familiar”: ser felices y hacerlo extensivo en los hijos; así, cuando les exiges, sabes que lo haces porque quieres el bien para ellos. Y con el marido: mi trabajo es parte de su misión, y viceversa; el estudio de mi hija, también es parte de la misma misión. Así, en esta trayectoria vital una integra lo mejor que pueda su trabajo. El tema es: tú, tu marido, los hijos… y cuánto tiempo necesitan de verdad. Tiempo y energías. Y si no existe ese norte, el norte será el que me venga dado y no seremos dueños de nosotros mismos, en definitiva.

Pero, por parte del empresario, no parece que sea tan fácil: cada vez que una madre tiene un niño, son cuatro meses de baja maternal; y ahora, dos semanas el padre… Alguien tendrá que sustituirlos, ¿no?
Yo pienso que si se alargara la baja de maternidad o paternidad, como en otros países, sería mejor. Aquí, con cuatro meses, la empresa no puede buscar a otra persona: cuando ha aprendido lo que tiene que hacer, se va. En cambio, lo que sí ocurre es que los compañeros de trabajo acaban realizando los trabajos de la madre o del padre en cuestión y esto es injusto; además de que, como se quede otra vez embarazada, acabarán diciendo que es una egoísta. Si fuera una baja de, por ejemplo, un año, sí que daría tiempo a la persona sustituta; y, a la vez, la empresa va creando una “cantera” de gente polivalente, preparada para distintos puestos.

¿Esto es lo que usted llama Empresa Familiarmente Responsable (EFR)?
Sí, es parte de lo mucho que representa ser una EFR. Empresas que ayudan a que sea posible esta conciliación a través de sistemas como los que veíamos antes. Desgraciadamente, hoy a menudo se ve la familia como un coste, y no como un recurso. En cambio, una EFR ve la familia como un nuevo stake holder de la empresa. Es decir, un nuevo grupo de interés –como los son los proveedores, los clientes, los empleados, etc. – que impacta por algún  motivo, en la compañía. Y hay que tenerlo en cuenta.

¿Cuántas empresas son, hoy, EFR?
La EFR es una certificación que creamos aquí, en el IESE, y la cedimos a la Fundación + Familia, con la idea de que la extendiera por toda España: y ya son unas cien compañías las que la tienen. También fuera de este país: México, Colombia… Primero llamábamos a estas empresas family friendly, pero pensamos que no era suficiente con ser “amigables”, era necesaria una responsabilidad.

¿Cuál es el papel de los gobiernos en todo esto?
Llevamos tiempo trabajando para que apliquen desgravaciones fiscales a las EFR, que las apoyen… O, todavía mejor, porque no cuesta nada al erario público, que haya más puntos en concurso público para las empresas que cumplen unos mínimos de flexibilidad y son EFR. De momento, por puntos…; mi sueño es que ser una EFR sea una condición sine qua non para poder abrir o poder seguir con una empresa; como ya lo es hoy la certificación de calidad ISO. ¿Por qué no una y sí la otra, cuando la familia es tan importante y de ella dependemos tanto?

¿Y un Ministerio de Familia?
Sí, ya lo dijo el Premio Nobel de Economía del año 92, Gary Becker: el mejor ministerio de asuntos sociales es la familia, porque es la que previene todo lo que luego llega a un ministerio social: drogadicciones, gente incapacitada para trabajar… Todos los problemas que tienen los asuntos sociales, en gran medida son a causa de que la familia está desestructurada y no ha sido capaz de cumplir su función. Por tanto, Ministerio de Familia significa prevenir, porque sería el ojo de los consejos de ministros, el punto de vista de las familias. Uno más, pero muy importante. Algunos países, como Alemania ya lo tienen.

En España está el Ministerio de Igualdad, que es algo parecido, ¿no?
El Ministerio de Igualdad podría ser interesante, si realmente lo entendiéramos como igualdad de oportunidades, trabajando sobre las diferencias, la complementariedad; no lo que pretenden: una igualdad desde el punto de vista natural. Eso no es real.

¿Cree que es una solución el decir “mitad hombres, mitad mujeres”?
No. El poner cuotas es un error. Lo que hay que hacer es analizar por qué ha habido un fallo y actuar para corregirlo. Por eso, tenemos que ser conscientes de que, sin querer, llevamos un “filtro” que nos lleva a contratar a nuestros iguales. Es lo que llamamos el “techo de cristal”: el que han puesto siempre los hombres a las mujeres para seleccionar y promocionar.

¿Existe realmente una desigualdad?
Sí, claro. Es un problema que tiene una base real. Esta nueva ley es una revisión de la ley de conciliación del 99. Algunas cosas creo que son equivocadas, pero otras eran necesarias: las contrataciones, los salarios… Aquí había injusticias grandísimas: si eras mujer, eras “limpiadora”; si hombre, “peón de mantenimiento”… y podrías estar haciendo lo mismo. De todos modos, yo pienso que el mejor modo de vivir la igualdad de oportunidades es el que se vive en la familia, donde realmente queremos a las personas por lo que son, sean cuáles sean sus capacidades, defectos, etc. Hay que aceptar que todos somos únicos e irrepetibles.

No parece que se vea tan claro…
El gran problema que tenemos son las ideologías, y la ideología es justamente lo que tenemos que eliminar porque no deja pensar. Hay que hablar de realidades, no de ideologías. Yo creo que ya está pasado hablar de izquierdas o de derechas. ¡También es algo del S. XIX! Y si no, mira Estados Unidos. Estamos hablando de quién tira adelante temas que son de este nuevo siglo y nadie puede olvidarse de la familia, porque es lo único que tiene futuro. Todo lo demás es yermo, no futuro.

Se habla de nuevos modelos de familia
Llamar “matrimonio” a una unión homosexual, es contradictorio etimológicamente: mater – munus significa “el oficio de madre”: ser capaces de procrear…, y dos personas del mismo sexo, no procrean nada. La ideología de género es el último cartucho de la lucha de clases de Marx y Engels, ligada al lobby homosexual. Es una lucha que acaba yendo contra el mismo hombre y la mujer. No es verdad que las mujeres tengamos que liberarnos de la maternidad. La maternidad no nos esclaviza, sino que nos da mayor seguridad; te pone unos “muros de contención” para que no choques. El género es único, el humano y los dos sexos somos complementarios. Por eso colaborando, somos mejores. Incluso las empresas “mixtas” tienen unos resultados un 30% mejores que las que son sólo hombres o sólo mujeres. Y esto no lo va a cambiar el Estado con cuatro leyes.

¿Quién es, entonces, el agente de cambio?
Somos cada uno de nosotros. El Estado lo que tiene que hacer es no entrometerse más en cosas que son de la familia, de la persona, de la escuela… Cuanto más se entrometa, más se está extralimitando. El gobierno –cada gobierno– tiene que hacer lo que se hace en las democracias modernas: unas leyes marco y, después, no un “laissez faire, laissez passer”, sino un “dejar a cada uno la responsabilidad que tiene”. Y punto. La finalidad de educar no es del Estado sino de los padres. Es un hambre de poder que siempre ha tenido todo estado… y nuestra democracia, donde sólo puedes votar listas cerradas, ha permitido que sea cada vez más así. Hay que ser valientes y pasar de lo que llaman “políticamente correcto”, porque así no se vive; se malvive.

La faena que queda por hacer, aún es mucha. Usted, ¿consigue poner en práctica esta conciliación?
Si te soy sincera, nunca pensé en que me iba a meter en todos estos “bollos”. Mi marido me ha apoyado mucho en todo esto. Él es empresario, y nos fuimos a vivir al lado de mi madre: quería tener alguien cerca y con quien confiar. Pensábamos que no íbamos a tener hijos, pero al final llegó una niña, hace dieciocho años. Y aquí estaba toda la familia: marido, hija, yo, abuela… Todo lo material delegable, lo delegaba. Por supuesto, ahí no incluía las relaciones personales. Los viajes que tenía que hacer, si podía, los hacía en verano e íbamos los tres (con la “excusa”, mi hija ha aprendido cinco idiomas)… ¿Y qué habría pasado si hubiera tenido más hijos? Yo no lo puedo saber. Pero seguramente habría ido más lenta en mis investigaciones… Quizá por eso precisamente, Dios sólo me ha dado una

Nuevo feminismo

¿Es usted feminista?
Me considero femenina. Lo otro, son otra vez ideologías. Soy femenina porque soy mujer, y encantada de la vida… ¿Es esto feminismo? No me gustan los “-ismos”, pero si me tuviera que definir, hablaría de lo que Janne Haaland Matlary, ex Secretaria de Estado de Asuntos Exteriores noruega, ha dado en llamar “neofeminismo”: no es una lucha contra, sino una lucha con: con los demás, con los hombres, con las familias… Una lucha contra una misma para, con los que me rodean, avanzar. Es una corresponsabilidad, y es mucho más agradable, porque no vas sola.



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Gustavo Ron: un filósofo de cine


A Gustavo Ron (38) le conocí hace ya unos cuantos años. A mí me quedaban pocos años para terminar la carrera y un buen amigo me pasó su contacto porque quería hablar con alguien que estuviera metido en el mundo del cine y que fuera accesible. Así fue Gustavo. Me citó en su casa y me explicó su carrera profesional: de cómo había estudiado en Londres, me enseñó algún cortometraje que había hecho en esa escuela... Era muy accesible. Y ambicioso: desde muy joven sabía que lo suyo era el cine, y no cejó hasta conseguir filmar su primer largo, Mia Sarah (2006) que -cosas de la vida- acabó resultando ser la última película de Fernando Fernán-Gómez "de quien me hice muy amigo", fallecido poco después. Ambicioso, pero también sabedor de sus ambiciones: "me gustaría mucho haber filmado El hombre tranquilo, pero sé que nunca habría hecho algo tan bueno como lo que hizo John Ford". 

Tuve oportunidad de estar otra vez con él el pasado 26 de febrero, cuando vino a la UIC para hablar, con otros profesionales de distintos campos, sobre el papel de las humanidades en su profesión.

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Hace unos años estrenó su primer largometraje, Mia Sarah (2006), donde trabajó, entre otros, con Fernando Fernán Gómez. Antes había trabajado como guionista, productor, músico… Estudió en la London Film School y en otoño estrena Ways to live forever, sobre un niño con leucemia y sus ganas de vivir. Digamos que lo que considera como “la profesión más bonita del mundo” no le ha ido del todo mal…; y eso, gracias fundamentalmente a su empeño.

¿Qué te llevó a dedicarte al cine?
Creo que el cine te permite llegar al corazón de la gente y, si lo consigues, te conviertes en un buen amigo o un buen consejero. Quizá en esta visión influyó mucho el ambiente humanista que se respiraba en mi familia.

Pero no te fue fácil convencer a tus padres…
No, no… Tuve una adolescencia bastante desastrosa. Estudiaba de forma muy selectiva y sacaba sobresalientes de lo que me apetecía. Sabía lo que quería hacer. Me mandaron a acabar el colegio en Oxford porque no consiguieron meterme en ningún otro colegio de Barcelona y ahí descubrí la Inglaterra de los 80, el idioma… Entonces no me daba cuenta de algo que he podido valorar después: la facilidad con la que me estaba convirtiendo en bilingüe era algo impagable... Al terminar, fui a mis padres y les dije: “quiero estudiar en la escuela de cine de Nueva York”

¿Y?
Mi padre decía que el cine era una cosa de drogadictos, o algo así. Por lo que ni ellos me entendieron, ni yo me hice entender: me mandaron a estudiar Periodismo a Pamplona, y ahí duré tres años: me daba cuenta de que esa carrera no tenía nada que ver con lo que quería hacer. Yo seguía con mis trece de que quería irme a Nueva York, pero no era fácil. Finalmente, vi una oportunidad de estudiar en Londres y así que conseguí matricularme en la London Films School, sin que lo supieran mis padres: les mostré el papel conforme me habían aceptado… y no tuvieron más remedio.

¿Los has tenido fácil para entrar en este mundo?
No, pero no creo que sea más difícil que en otras profesiones. Hoy en día considero más difícil llegar a ser médico o abogado. Es cuestión de empuje. Aunque es cierto que no hay espacio para todo el mundo.

¿Has tenido que aparcar alguna vez tus principios para hacer cine?
Nunca he tenido que venderme a ninguna ideología
. He trabajado con gente de todos los colores y gustos y no he sentido la necesidad de cambiar mis ideas para poder salir adelante.

¿Faltan ideas, en Hollywood?
Faltan buenas ideas en el mundo entero. Falta que alguien sepa valorar y se interese por invertir en buscar y desarrollar buenas ideas.

Pero, ¿dónde están?
Mira: con el tiempo, he llegado a la conclusión de que si yo hubiera estudiado Filosofía o Historia del Arte, incluso Literatura, me habría servido mucho más para el cine que la propia escuela. Las carreras más audiovisuales, están muy bien, pero la formación humana es la que, al final, te va a dar historias o cosas que contar. Las humanidades, excepto la técnica, aportan todo lo demás. Y la técnica, en poco tiempo está desfasada.

Y entonces, ¿con qué tipo de cine te encuentras mejor?
Con el que cuente una buena historia… Mia Sarah era una comedia; la que se estrenará en breve, un drama… ¿Podría hacer cine de terror? Por supuesto, siempre y cuando el guión tuviera un componente humano.

Mia Sarah, fue la última película de Fernán Gómez, ¿qué es lo que más recuerdas de él?
Es una de las personas más maravillosas con las que he trabajado. Me enseñó muchas cosas relacionadas con la figura del director y del guionista. A veces, si no tenía inspiración delante del ordenador, me cogía el coche hasta su casa y me iba a verle. Fernando siempre tenía una buena historia esperándote. Lo cierto es que se le echa mucho de menos…

¿Cuál ha sido el momento más grato de tu profesión?
Cuando presenté Mia Sarah en Estados Unidos, una señora vino desde Florida a Indiana para verla, porque una amiga suya le dijo que era la mejor película que había visto nunca… Este tipo de cosas hace que el cine sea la mejor profesión del mundo.


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Los de la tele: también de carne y huesos...


"Els de la tele, també són de carn i osos"... Se'm va passar pel cap aquest títol i em va fer gràcia. Realment, és la impressió que vaig tenir al entrevistar a en Xavier Coral. Aquí Catalunya, la seva cara és molt coneguda, com a presentador a TV3; i, quan va venir a la UIC per ser el padrí de la promoció de comunicació que sortia el curs passat, no m'ho vaig pensar gaire en aprofitar l'avinentesa per entrevistar-lo.

Li vaig enviar un mail: molt formal, tractant-lo de vostè. I em va respondre: "home! No em tractis de vostè, que sóc calvo, però tampoc tant gran!". Dit i fet. Vam quedar a la TV3 i l'entrevista va anar com se'm va presentar pel mail: una estona amb algú que no té aires de prepotència sinó com un igual.

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Si el veus pel carrer, almenys –amb cara de qui està intentant buscar algun record del seu pap–, et dius: “aquesta cara em sona”... Ell n’és plenament conscient, però això no el trasbalsa: “fins ara la gent em mirava molt, però, com que el meu paper al telenotícies era d’una persona seria, la gent tampoc se m’apropava per dir-me res”. I és que per en Xavier Coral (38), TV3 ha estat la seva casa durant més de dotze anys: primer com a becari, després com a presentador d’informatius al cap de setmana; fent una substitució al TN nit, durant l’estiu... Darrerament el coneixíem com la cara del Telenotícies migdia i, els dos últims anys, també com a presentador de l’Àgora. Però avui, el seu registre canvia. El seu nou programa, Divendres, vol fer de cada dia... un divendres: “el millor dia de la setmana, el més esperat; per això ve a ser un programa més distès, d’entreteniment”.

Dotze anys no són pocs...
No. La veritat és que en aquest temps he donat unes quantes voltes. Sempre he tingut molt clar que el periodisme és un ofici i, per això durant el primer any de carrera, vaig compaginar els estudis amb els informatius a la televisió de Terrassa; em va donar moltes possibilitats i aviat vaig aconseguir una beca a TV3, per les notícies de cap de setmana. Finalment, després d’una substitució d’un mes, m’hi vaig acabar quedant. I així, fins ara. Primer al Telenotícies nit, després al migdia; del migdia a caps de setmana, al vespre i altre cop al migdia...

I ara el nou programa, Divendres. És un gran canvi en la teva manera de fer i d’estar?
Crec que puc tenir un altre registre. Els informatius demanen un registre que no és com tu ets. Has de fer de conductor de l’actualitat i això et porta a mantenir una serenor de vegades una mica més “artificial”, per dir-ho d’alguna manera. Ara crec que podré ser més com sóc realment, com em coneixen els meus amics i familiars; reaccionar davant les coses que passen, més com ho faria en la realitat.

Fent de cada dia un divendres?
Sí, perquè el divendres és el dia que tots estem esperant i estem més relaxats. Divendres és un programa més divertit i distès. Quan presentes els informatius te n’adones que hi ha moltes coses que et deixes i que t’agradaria tractar; coses interessants que no formen part de la notícia pura i dura, però que podrien ser explicats amb un altre punt de vista. A Divendres volem ser com el complement de la informació, però també amb un to crític, quan sigui necessari: posar les coses sobre la taula i parlar-ne. Fins i tot és un moment per donar veu a idees, de la societat, persones, etc., que d’una altra manera no en tindrien.

Creus potser que, sobretot en els informatius, depens molt del partit que governa?
Home! Les televisions públiques, al final han de respondre a un propietari, que en aquest cas és el Parlament de Catalunya (i les privades, a una empresa privada): tothom acaba havent de donar explicacions a algú... Al consell de la corporació catalana hi ha representades totes les sensibilitats de la societat i crec que això es té molt en compte a Televisió de Catalunya. És veritat que els partits volen treure’n algun rendiment –de fet, una de les funcions de la televisió pública és donar veu als partits polítics–, però al final procurem treure el que els professionals creiem que hauria de ser. Això provoca friccions? Sí, però crec que sempre s’arriba a un equilibri entre les seves demandes i el nostre criteri periodístic.

Però, “qui paga, mana”; i qui paga la televisió pública és el govern... i més quan es vol treure la publicitat, no?
Sí, però jo crec que és un problema de definició. La televisió pública especialment, ha de fer una televisió de qualitat i per això, necessita ingressos. I més si ha de competir amb les altres. Que es vol treure la publicitat a TVE? Bé, però caldrà donar-li els diners necessaris per a què pugui seguir competint; si no, no servirà de res i tindrem una oferta marcada per l’espectacle i la tonteria. I això no s’aconseguiria ficant un cànon als aparells de televisió, com es fa a Anglaterra. La mentalitat d’aquí no crec pas que ho acceptés.

Has estat “agafat” alguna vegada, en aquest sentit?
En aquests dotze anys que he estat presentant el Telenotícies et puc dir que mai ningú m’ha dit què havia de dir... Jo tinc clar que hi ha gent molt diferent: l’única cosa que he de fer és exposar els fets, i que la gent ho interpreti com vulgui.

On creus que rau la responsabilitat del periodista?
Nosaltres hem de fer les coses per a què s’entenguin i la gent les comprengui i vegi com és el món on viu. Ara bé: sens fer-ne espectacle, ni fomentar el morbo, la pornografia... L’equilibri per a què cadascú ho vegi i jutgi per sí mateix. No hem d’amagar les coses que passen –perquè passen i tothom té dret a saber-les–, però tampoc hem d’estirar-les i de convertir-les en espectacle. Per exemple: si jo he de parlar d’un home al que li han donat un tret al cap i tinc les imatges del primer pla del cap del senyor, i una altra de l’home al terra, per què he de posar la primera, si amb la segona ja es veu què ha passat?

Com veus el futur del periodisme, davant les noves tecnologies?
Jo crec que la figura del periodista sempre haurà d’existir. Les noves tecnologies permeten que et puguis informar tu mateix, però qui té el temps per dedicar-se a buscar tots els elements de manera que el lector s’acabi fent a la idea de tot el que està passant, aquest és el periodista. És la seva funció: representa als ciutadans a l’hora de buscar la informació. És veritat que a Internet, per exemple, tens molta informació; però has de saber llegir-la i contrastar-la... si no, t’acabaràs trobant el que diu de mi que he estat actor, que Antena 3 em va fer una oferta, que tinc quatre fills... i tot això és mentida. Qui ho diu, tot això? No se sap: ningú ho firma.

No t’empipa ser famós?
La veritat és que fins ara no ho ha estat massa, d’empipador... Els presentadors d’informatius som tants seriosos que ningú ens para. La gent, fins ara, em mirava molt, però no gosava dir-me res. És normal que et coneguin: d’això vivim, no? De moment, he tingut una popularitat molt còmode... No sé si, a partir d’ara, amb el nou programa, canviarà. Esperem que no...


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Más de 30 años detrás del Muro de Berlín

Dieter Wendland no es uno de esos hombres cuyo nombre produzca millones de búsquedas en google... pero es un hombre que vivió una época que le hace distinto... por lo menos, con una carga de experiencia que no tiene cualquiera. Y como él, hay muchos otros: alemanes que un día, al despertarse, quedaron encerrados por unas paredes -un inmenso muro- custodiadas por perros, soldados armados, alambrada... Era el Muro de Berlín y Wendland tenía entonces unos 12 años.

Hoy diseñador de prestigio y fotógrafo, el pasado mes de noviembre, contó su experiencia en la UIC. Estuvo más de una hora, con su mujer (que también vivió en Berlín del Este todos esos años), y no se hizo nada largo. Todo lo contrario... De hecho, después yo seguí hablando con él. De ahí surgió, esta entrevista. Por suerte, tenía al profesor Banús que me iba traduciendo perfectamente del alemán: ¡cuánto me gustaría poder entenderlo y hablarlo!

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“Imagina que, de repente –de la noche al día–, aparecen las Ramblas partidas en dos. De un lado, la gente mira sorprendida, pero hace vida normal; del otro, el mundo
está encerrado. Separados por un gran muro con alambres, perros de caza, hombres armados y… quien intente cruzarlo, es automáticamente fusilado”. Así describe Dieter Wendland lo que vivió la noche del 13 de agosto de 1961. Tendría entonces 12 ó 13 años y su familia quedaba dividida por una barrera infranqueable. Él, con sus padres y dos hermanos, en el este; y al otro lado, un hermano. Fueron casi 40 años vividos sin ningún tipo de libertad. Wendland estuvo en la UIC con su mujer en un acto conmemorativo de los 20 años de la caída del muro. Ahí contó su experiencia.


Vivir en Berlín Oriental era una situación asfixiante. Si no fuera por el apoyo de los amigos y familia, hubiera sido imposible aguantarlo. Mi hermano fue condenado a prisión dos años y medio por –según decían– “calumnias al estado”. Era un asunto completamente ficticio. Siempre nos quedábamos en casa porque sabías que fuera había enemigos; alguien que te espiaba. Incluso entre los más allegados podía haber gente que informara.

¿Qué tipo de información pasaban?

De todo. Desde conversaciones que teníamos por teléfono o por la calle, a cosas tan surrealistas como lo que leímos en los documentos que tenían los servicios secretos sobre mi mujer: “ha colgado ropa a secar en el balcón”. ¡Absurdo!…; pero era así.

¿Eran plenamente conscientes de esta situación?

Sabíamos que nos espiaban, pero no teníamos ni idea de las dimensiones a las que llegaba ese espionaje. Cuando lo supimos, nos asustamos mucho y, en parte, nos entristeció. En mi documentación, en lo que existe de mí, se ve que había diecisiete personas informando sobre mi vida. Y mientras yo lo leía, a mi lado había una persona leyendo su información y llorando. En los textos se proponían medidas que había que tomar contra las personas. Cosas como “entrar en la vida íntima de las personas y disolverlas”. ¡Qué significaba eso de “disolver”? Incluso el lenguaje que se utilizaba nos asustó mucho.

No es para menos…

Entre los años 53 y 61 hubo tres millones de personas que consiguieron pasar de la parte oriental de Berlín a la occidental para, luego, huir o emigrar –como se lo quiera llamar– a la RFA. Muchos más lo intentaron sin éxito: en coche, con escaleras, vehículos voladores de todo tipo… Unos, fusilados; a otros se les implantaba unos castigos draconianos; “violadores de las fronteras”, se les llamaba. La pésima situación económica llevó a las negociaciones con la Alemania Occidental: petróleo, carbón… Además, desde esa Alemania se intentaba sacar a los encarcelados injustamente, pagando por ellos entre 20 y 120 mil marcos alemanes [un marco alemán de entonces costaba unas 80 pesetas]. Ni siquiera el gran crédito de mil millones, otorgado por occidente en 1981, sirvió para recuperar la situación económica.

¿Y por qué no hacían nada?

Piensa que eso no era como Barcelona, donde puedes levantarte cada mañana e ir a tomar un café con tus amigos y pasear por donde quieras… Viviendas vacías, faltaban médicos: la vida social se iba deteriorando poco a poco. No se podía organizar nada con sentido y los que realmente eran capaces de asumir riesgos, intentaban irse o tenían dinero para pagar la salida al gobierno…

La situación era cada vez más insostenible, ¿no?

A finales de los 70, principios de los 80 muchos buscaron espacios de diálogo dentro de comunidades protestantes, en las iglesias. Se animaban y buscábamos motivos por los que luchar y vivir.

¿Qué hacía el gobierno?

Honecker, el jefe de estado de la RDA, estaba convencidísimo de que íbamos por el buen camino hacia el socialismo y que, por lo tanto, todo pasaba por ahí. Pero, el país estaba cada vez peor y el pueblo quería vivir en paz. Todos los años, el 8 de enero había manifestaciones oficiales en recuerdo de Rosa Luxemburg. En 1988, aparecieron unos manifestantes que, al margen de la oficialidad, llevaban una pancarta citando a Luxemburg: "la libertad solo existe si realmente es libertad para el que piensa de otra manera".

¿Eso fue la gota que colmó el vaso?

Sí. Ese año fue la revuelta de Tiananmen, y aquí el gobierno hablaba de la “solución china” como lo correcto. Teníamos mucho miedo. Después Hungría abría las puertas hacia Austria, con lo que un éxodo de alemanes salía hacia la RFA por ahí. Cuando Honecker cerró las fronteras, cerca de cinco mil personas se refugiaron en la embajada de la Alemania Occidental, en Praga. Por si fuera poco, en esos momentos se celebraban los 40 años de la constitución del país y todo el mundo retransmitía en directo lo que pasaba: miles de personas comenzaron a manifestarse en torno al lugar donde se estaba conmemorando el aniversario. Hubo más de mil detenciones, muchas de ellas, personas que no tenían nada que ver, pero que estaban ahí. Fueron maltratadas: se vio cómo pegaban –con toda la intención–, al estómago de una mujer embarazada; trataron a las personas como animales…

Y entonces…

Entonces sucede lo que todo el mundo conoce del 9 de noviembre de 1989. Por un malentendido sobre quién era el responsable de autorizar que alguien viajara, en un momento determinado, a occidente, se comenzó a reunir mucha gente frente a los pasos fronterizos. Miles de personas que exigían pasar porque –decían– “el gobierno de este país ha declarado que podemos viajar donde queramos”.

¿Así? ¿Sin más?

Hay que imaginarse la situación: puestos fronterizos cerrados; el muro; el alambre de espino; la vigilancia… Y varios centenares de personas que se acercan. Los guardias no sabían nada de lo que les decían, y al teléfono, nadie respondía. Ningún responsable. Miles de personas: cada vez más. ¿Qué hacer? O disparar y provocar una sangría, o abrir.

No hubo sangría

Cruzamos la frontera, en medio de una masa de gente absolutamente eufórica que veía que nadie impedía la salida. Una auténtica locura. La única pregunta que nos hacíamos era: “¿por qué ha durado 40 años? ¿Por qué no habíamos venido antes a decir que nos dejaran pasar?”.

Entrevista a Dieter Wendland


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¿Me tocará la lotería?

Para algunos, el 22 de diciembre de cada año es un día muy especial. Esperan poder convertirse en los nuevos ricos o, quizá, poder saldar las deudas (hoy, por desgracia, tan comunes...). Los sorteos de lotería han provocado ríos de tinta, y cintas de vídeo -hoy deberíamos decir "codificaciones de 1 y 0"-. Es clásico ya la fábula del que se encuentra un número y lo regala a la camarera que le sirve el café, y resulta ser el número ganador... Durante esta época, "la bruixa d'or" -que ha sabido modernizarse a los nuevos medios- se hace, literalmente, de oro... Muchos los que compran números... pocos aquellos a los que les toca algo...

El 22 de diciembre de 1999 estaba trabajando en Radio Universidad de Navarra y me encargaron un reportaje sobre la Lotería Nacional. Entonces, Internet no funcionaba como hoy -¡es de hace dos días!- y busqué información en una enciclopedia -wikipedia, ni existía-. Me hizo gracia encontrar que alguien se había dedicado a formular la probabilidad de que me tocara la lotería. Me pareció una buena manera de comenzar el reportaje: explicar la historia de este gran premio, dejando de fondo una voz constante leyéndome esta larga -eran más de 3 ó 4 páginas- fórmula.

Termino la historia, pero la fórmula sigue. ¿Qué probabilidad? Ínfima... pero a alguien, le toca... :)


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Cuando el dolor se convierte en un bien

El dolor, objetivamente, es un mal. El hombre está hecho para vivir y poder compartir esta vida con su creador. Pero el dolor, existe: es humano.

Hace poco tuve varias conversaciones con Joaquín Romero, enfermo de esclerósis múltiple. Romero tiene 41 años, y lleva casi veinte años pegado en una silla de ruedas. Debido a esta enfermedad, va muriendo cada día un poco... hasta que llegue el día en que no pueda respirar. Y ya está. No obstante, Joaquín Romero es el hombre más feliz del mundo. Es lo que me contaba y lo que pude comprobar. Con él, dan ganas de segir viviendo y de pensar: ¿por qué me estoy quejando cuando tengo todas mis facultades intactas?

De esas conversaciones surgió una entrevista publicada en Mundo Cristiano. Os la dejo a continuación. Cuando lo tenga, lo subiré, también, en pdf (abajo).


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Él quería conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, cuando le diagnosticaron, hace casi veinte años, esclerosis múltiple –una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa– pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que sólo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”.

Hoy, Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como él dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le pierde y no duda en definir su situación como de “un milagro; un caricia de Dios”…

Tendría yo 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había hecho el servicio militar; estudié lo que quise, arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

¿Qué te dijo?
En ese memento, lo que me sonaba más extraño era el psiquiatra, pero me llevaron al neurólogo. ¿Qué era eso? No lo había oído nunca. Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Yo quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le dije –no tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”.

Y ¿qué hiciste? ¿Qué pensaste?
No lo sé. Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisiera tenerlo todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien con quien confiar y contar mis problemas. Yo tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar –soy un apasionado del mar–…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?
No se solucionan, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos s
e aclaran. El médico me lo dijo muy claro ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Soy enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero que lo peor era que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.
Por eso no te detuviste
Claro. Y por eso, cuando vi que si no hacía algo ya no podría valerme por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue como lo que comenzó en esos poco más de 30 metros cuadrados, hoy es ya una empresa –única en España– que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que yo puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Habrás visto mucho dolor
Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…


Desde entonces me prometí no desperdiciar ni un segundo de mi vida para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final: “Y tú, ¿qué?”. “¿Qué de qué?”, les digo. “No, ¿que cómo lo llevas?”

¿Qué les dices? ¿Se puede amar el dolor?
No. Por sí mismo no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les digo que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. Es un misterio el dolor, sí; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué Padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que le falte, a Dios. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes y te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…


Pero esto es una solución para los que creen…
¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a un grupo de mutua ayuda, donde unirse y quejarse en alto de lo duro que es la sociedad, de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: no he estudiado ni por asomo teología, pero que yo sepa no se ha explicado teológicamente por qué se puede vivir con alegría dentro del dolor…; yo, en cambio, lo he conseguido. Y no es broma. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay una cosa no he perdido jamás: lo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido –por lo que apostado– eso, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora. Lo he probado cuando estaba sano y jugaba a fútbol. Cuando estaba con los amigos. Cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… y justo hoy que me he caído en la calle y me he dado un golpe en la cabeza. Me podría haber hecho daño… pero yo sigo contento. Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a risa, a ironía, a locura… no. Esto no lo hace un hombre. Un hombre no es capaz de tener una imaginación tal como para inventar algo tan complejo como todo lo que te estoy contado. No: eso sólo lo sabe y puede hacer Dios.

¿No te ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!
Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que yo ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Yo le dije que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tengo totalmente encantado, le doy la vuelta y reconduzco la conversación: ¿no te parece más bello luchar por la vida?

Hay gente que dice que la eutanasia es una solución
¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es injusto egoísmo. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si has oído, aunque sea de lejos, que alguien da una solución, tienes que descubrir cuál es. Si quieres realmente al enfermo –si lo amas de veras–, tienes que buscar todo lo que puedas…

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?
En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario, tío… tienes la oportunidad de poder hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Como las COES. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.
Todo esto, ¿lo descubriste de la noche a la mañana?
¡No, no! Esto sería con el manual del que te hablaba… A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras… pero desde entonces, ¡han pasado más de veinte años! El Joaquín Romero de ahora, no tiene nada que ver con el de ese momento. Si quieres es más radical… pero con un corazón que no le cabe dentro.

¿Qué le dirías a Dios cuando llegues al Cielo?
Le daría un “gracias” y un besazo. Gracias y un beso muy grande por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Diría “chapeau”. Si tuviera un sombrero, me lo quitaría. Me pondría de rodillas –porque entonces sí podría– y le diría: “increíble. Lo has bordado”.




Info: B&J Adaptaciones


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Evolucionismo y la elegancia de Dios

Charles R. Darwin (1809-1882) era un científico como cualquier otro; pero un científico al que le tocó vivir una época de cambio. Un buen hombre que se dio cuenta de que las cosas existentes tenían un origen muy distinto del que había estudiado de joven. En ese momento, cuando Darwin estudiaba teología para ser pastor anglicano de una iglesia rural -hay que tener en cuenta que en esos años del siglo XIX los únicos "naturalistas" eran los teólogos-, se explicaba la existencia de las cosas por la teoría "fijista". Esta teoría decía que todas las cosas han sido creados en un momento fijo, determinado, tal como están hoy. Es decir: hace unos 4000 años. No evolución. No transformación. Esto, lo creía también Darwin... hasta después de su viaje por el mundo a bordo del Beagle.


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Hace poco estuve hablando con Daniel Turbón sobre todas estas cosas (aquí podéis leer la entrevista que publiqué al respecto). Turbón es catedrático de Antropología Física por la Universidad de Barcelona, y acaba de publicar un libro con Carlos A. Marmelada, titulado Darwin y el mono. En él, estos dos autores hacen una biografía del autor de la Teoría Evolucionista, mostrando en qué consistió realmente, y por qué se ha mitificado tanto a este científico en favor, muchas veces, de la eugenesia y el racismo (Darwin, en vida, se dio cuenta de esta "mitificación", y la rechazó por completo).


En mis conversaciones con el profesor Turbón, hablamos de algo que acababa de publicarse: una investigación por la que se descubrió la clave de por qué los hombres hablamos y nos diferencia tanto de los primates. Esta es su visión:
Los monos se mueven en el nivel subhumano, donde todo es pura biología. Los primates no hablan, no porque no tengan capacidad de hablar, sino porque no tienen qué decir".
Es cambiar un poco la idea. Turbón es un hombre ecuánime a la hora de expresar su opinión, pero muy claro, sobre todo al decir que a menudo se usa la ciencia para querer mostrar la ideología:
Nosotros somos más que simples moléculas. Es muy difícil recuperar el ADN de los fósiles y decir que somos simplemente eso: meros animales. Nosotros podemos hacer matemáticas, astrología, reflexionar... Los demás animales, no tienen esta capacidad de abstracción".
Y también:
La ciencia es muy limitada en su conocimiento, a diferencia de lo que quieren hacer ver algunos científicos que se han apoderado de los medios de comunicación. Lo que dicen, es parte de la verdad. Decir que es toda la verdad, es una postura ideológica".
Y sobre la relación entre evolución y creación, me pasó una cita del entonces Card. Joseph Ratzinger:
No podemos afirmar: creación o evolución. La fórmula exacta es creación y evolución, porque las dos cosas responden a dos preguntas diversas. El relato del polvo de la tierra y del aliento de Dios no nos narra cómo ha tenido origen el hombre. Nos dice lo que es. Nos habla de su origen más íntimo, ilustra el proyecto que está detrás de él. Viceversa, la teoría de la evolución trata de especificar y describir procesos biológicos. No logra en cambio explicar el origen del 'proyecto' hombre, explicar su derivación interior y su esencia. Nos encontramos por ello frente a dos cuestiones que se integran, no se excluyen".
Una de las cosas que le pregunté fue si existía el azar. Y me dijo:
El azar estadístico sí existe, pero es compatible con que un ser superior haya introducido procesos de azar... Imagina un piloto en el polo norte. Decide viajar hacia algún lugar de la tierra, pero al azar: en función de los dados, hacia un meridiano o hacia otro... Si no detiene el avión, siempre llegará al polo sur. Un proceso de azar, pero con una finalidad. ¿Azar? Sí. Pero no es incompatible con un fin".
Citando al investigador estadounidense Francis S. Collins, autor del libroThe Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief y director del Proyecto Genoma Humano, decía:
La evolución es la elegante manera con que Dios creó al Hombre".


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Eduardo Verástegui en Barcelona (octubre 2009)

Mi idea inicial de Rescrito, era publicar cosas que ya hubieran salido en otro lugar y que hubiera publicado yo. Por eso "rescrito": como un "sofrito" de cosas ya "escritas" -por eso lo de una sola "e" en el nombre :)-. Pero pensaba que este vídeo tiene bastante que ver en lo que vengo publicando últimamente: sobre Eduardo Verástegui. Le hice una entrevista, publiqué un libro sobre su particular metanoia y Bella , después vino a la UIC donde le hice otra entrevista... Ahí también tuve parte implicada. Por ello, adjunto dos vídeos bastante interesantes: el resumen de ese 20 de octubre y su estancia, al día siguiente en el colegio Pineda, de L'Hospitalet de Llobregat.

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Este el vídeo resumen de la jornada del 20 de octubre. Hablan Belén Zárate, Vicerrectora de Comunidad Universitaria y Xavier Amat, presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la UIC. Finalmente, los mejores momentos de la conferencia.


La jornada del 21 fue un poco lluviosa, pero valió la pena. Las chicas que pudieron estar en la conferencia, escucharon la historia de la conversión de Eduardo Verástegui de primera mano. También habló de castidad, noviazgo y de la vida...
El sexo es un regalo de Dios, algo sagrado (…). Por tanto, hasta que no llegue el momento de afirmarse delante del altar, ¿por qué compartir ese regalo con quién puede no acabar siendo la mujer con la que viva hasta la muerte? (...) Vivir la castidad es imposible, pero con la gracia de Dios, todo es posible (…). Reconociendo esa debilidad es como tú vas a encontrar a Dios y vas a lograrlo. No es una necesidad física; es un deseo. Es una necesidad física el comer y el beber, pero no el sexo. Sí se puede vivir la castidad, con Dios”
Por supuesto, volvió a hacer el canto a las madres que tanto repite: está convencidísimo del papel que tuvo su madre en su conversión:

Yo creo que no hay nada más poderoso que las oraciones de una madre por sus hijos (…) Por eso, si aquí hay alguna madre, me gustaría decirles que no desesperen si tienen algún hijo que se esté perdiendo; que recen por él o ella
Finalmente, Eduardo Verástegui habló otra vez en defensa de la vida.
El vientre materno tendría que ser el lugar más seguro donde estar, y hoy es el lugar que más ataques está teniendo… De todo lo que hay en el universo, Dios eligió ese espacio para crear una nueva vida. Yo tengo la esperanza de que el aborto acabe siendo ilegal algún día; en Estados Unidos, en México, en España… ¿Cuándo va a ser ese día? No lo sé, pero eso no me quita las ganas de seguir defendiendo este derecho a la vida

Finalmente, firmó unos cuantos libros...

Después pudo estar disfrutando de una visita de la Sagrada Familia de Gaudí. Le pareció impresionante.


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Eduardo Verástegui: un "tío" normal

Le hace gracia -como en general a todos los latinoamericanos- lo de "tío": "aquí lo usamos para todo", ha comentado alguna vez, divertido... Y es así: de verdad, Eduardo Verástegui es un "tío" normal. Bien: es cierto que es actor, que está en Hollywood y eso no le pasa a todo el mundo; sí, pero quitando todo esto, es una persona que tiene que luchar para estar donde está y mantenerse en sus convicciones. El 20 de octubre vino a la UIC a dar una conferencia para explicar su experiencia y pude estar bastante rato con él. Creo que ha sido una opinión bastante unánime de entre las más de 800 personas que le escucharon. Su modo de contar y de hablar le hace ser muy cercano.

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Cuando llegó a la universidad, estábamos varios para recibirle. Me saludó como a alguien que ya le conocía (he estado con él en otras ocasiones: en Barcelona para hacerle una entrevista y en Madrid, donde le di un ejemplar del libro sobre él). Me dijo que le gustó mucho el libro: el estar escrito en tercera persona -alguien que hablaba sobre él- lo hacía mucho más real, por decirlo de algún modo.

Contrariamente a lo que se podría esperar, Eduardo Verástegui es un hombre muy tímido, pero se supera a sí mismo muchas veces, para poder hacer lo que está haciendo. Nunca hubiera pensado que su deseada vida del espectáculo -aquella que buscó desde muy pequeño- le llevaría por todo el mundo explicando su conversión y luchando por la defensa de la vida.


Sobre la vida hablamos en el rectorado de la UIC, en un rato agradable de tertulia que tuvimos, antes de firmar en el libro de honor de la universidad. Contó que, hablando con un médico abortista, le contó la historia de un médico de Estados Unidos que dejó de abortar por algo que le pasó y le impactó.
Se trataba de un médico que practicaba muchos abortos al año. Un día, su familia se estrellaron en un jet particular que cayó en un cementerio. Dio la "casualidad" que el lugar justo en el que se estrelló había un monumento dedicado a los niños no nacidos por aborto... Eso cambió por completo su vida.
Al terminar su historia, Verástegui le preguntó: "si este tuvo que sufrir esto, a ti, ¿qué te tiene que suceder para que te des cuenta del mal que estás haciendo?"... Eduardo Verástegui le regaló una medalla de la Virgen Milagrosa bendecida por el Benedicto XVI, y el médico le dijo: "Gracias; la necesitaré".

El actor de Bella estuvo muy bien estos dos días en Barcelona. Le gustó mucho. En la conferencia estuvo muy a gusto y -¡qué paciencia, la suya!- atendió a todos -y, principalmente, a todas- los y las que tuvieron ocasión de acercarse a él.

Por la noche, todo el equipo estuvimos cenando. Al finalizar nos despedimos y me dio un gran abrazo. Pudimos hablar de un posible proyecto de un nuevo libro. Dios dirá.

Eduardo Verástegui no es un santo (éstos sólo están en el cielo). Pero sí es una persona que sabe cuál es su meta; comprometida y que quiere ser cada día un poco mejor. Me dedicó uno de los libros y se lo agradezco sinceramente.

A él quiero dedicarle esta entrada y le animo en todo su trabajo.


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