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Más de 30 años detrás del Muro de Berlín

Dieter Wendland no es uno de esos hombres cuyo nombre produzca millones de búsquedas en google... pero es un hombre que vivió una época que le hace distinto... por lo menos, con una carga de experiencia que no tiene cualquiera. Y como él, hay muchos otros: alemanes que un día, al despertarse, quedaron encerrados por unas paredes -un inmenso muro- custodiadas por perros, soldados armados, alambrada... Era el Muro de Berlín y Wendland tenía entonces unos 12 años.

Hoy diseñador de prestigio y fotógrafo, el pasado mes de noviembre, contó su experiencia en la UIC. Estuvo más de una hora, con su mujer (que también vivió en Berlín del Este todos esos años), y no se hizo nada largo. Todo lo contrario... De hecho, después yo seguí hablando con él. De ahí surgió, esta entrevista. Por suerte, tenía al profesor Banús que me iba traduciendo perfectamente del alemán: ¡cuánto me gustaría poder entenderlo y hablarlo!

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“Imagina que, de repente –de la noche al día–, aparecen las Ramblas partidas en dos. De un lado, la gente mira sorprendida, pero hace vida normal; del otro, el mundo
está encerrado. Separados por un gran muro con alambres, perros de caza, hombres armados y… quien intente cruzarlo, es automáticamente fusilado”. Así describe Dieter Wendland lo que vivió la noche del 13 de agosto de 1961. Tendría entonces 12 ó 13 años y su familia quedaba dividida por una barrera infranqueable. Él, con sus padres y dos hermanos, en el este; y al otro lado, un hermano. Fueron casi 40 años vividos sin ningún tipo de libertad. Wendland estuvo en la UIC con su mujer en un acto conmemorativo de los 20 años de la caída del muro. Ahí contó su experiencia.


Vivir en Berlín Oriental era una situación asfixiante. Si no fuera por el apoyo de los amigos y familia, hubiera sido imposible aguantarlo. Mi hermano fue condenado a prisión dos años y medio por –según decían– “calumnias al estado”. Era un asunto completamente ficticio. Siempre nos quedábamos en casa porque sabías que fuera había enemigos; alguien que te espiaba. Incluso entre los más allegados podía haber gente que informara.

¿Qué tipo de información pasaban?

De todo. Desde conversaciones que teníamos por teléfono o por la calle, a cosas tan surrealistas como lo que leímos en los documentos que tenían los servicios secretos sobre mi mujer: “ha colgado ropa a secar en el balcón”. ¡Absurdo!…; pero era así.

¿Eran plenamente conscientes de esta situación?

Sabíamos que nos espiaban, pero no teníamos ni idea de las dimensiones a las que llegaba ese espionaje. Cuando lo supimos, nos asustamos mucho y, en parte, nos entristeció. En mi documentación, en lo que existe de mí, se ve que había diecisiete personas informando sobre mi vida. Y mientras yo lo leía, a mi lado había una persona leyendo su información y llorando. En los textos se proponían medidas que había que tomar contra las personas. Cosas como “entrar en la vida íntima de las personas y disolverlas”. ¡Qué significaba eso de “disolver”? Incluso el lenguaje que se utilizaba nos asustó mucho.

No es para menos…

Entre los años 53 y 61 hubo tres millones de personas que consiguieron pasar de la parte oriental de Berlín a la occidental para, luego, huir o emigrar –como se lo quiera llamar– a la RFA. Muchos más lo intentaron sin éxito: en coche, con escaleras, vehículos voladores de todo tipo… Unos, fusilados; a otros se les implantaba unos castigos draconianos; “violadores de las fronteras”, se les llamaba. La pésima situación económica llevó a las negociaciones con la Alemania Occidental: petróleo, carbón… Además, desde esa Alemania se intentaba sacar a los encarcelados injustamente, pagando por ellos entre 20 y 120 mil marcos alemanes [un marco alemán de entonces costaba unas 80 pesetas]. Ni siquiera el gran crédito de mil millones, otorgado por occidente en 1981, sirvió para recuperar la situación económica.

¿Y por qué no hacían nada?

Piensa que eso no era como Barcelona, donde puedes levantarte cada mañana e ir a tomar un café con tus amigos y pasear por donde quieras… Viviendas vacías, faltaban médicos: la vida social se iba deteriorando poco a poco. No se podía organizar nada con sentido y los que realmente eran capaces de asumir riesgos, intentaban irse o tenían dinero para pagar la salida al gobierno…

La situación era cada vez más insostenible, ¿no?

A finales de los 70, principios de los 80 muchos buscaron espacios de diálogo dentro de comunidades protestantes, en las iglesias. Se animaban y buscábamos motivos por los que luchar y vivir.

¿Qué hacía el gobierno?

Honecker, el jefe de estado de la RDA, estaba convencidísimo de que íbamos por el buen camino hacia el socialismo y que, por lo tanto, todo pasaba por ahí. Pero, el país estaba cada vez peor y el pueblo quería vivir en paz. Todos los años, el 8 de enero había manifestaciones oficiales en recuerdo de Rosa Luxemburg. En 1988, aparecieron unos manifestantes que, al margen de la oficialidad, llevaban una pancarta citando a Luxemburg: "la libertad solo existe si realmente es libertad para el que piensa de otra manera".

¿Eso fue la gota que colmó el vaso?

Sí. Ese año fue la revuelta de Tiananmen, y aquí el gobierno hablaba de la “solución china” como lo correcto. Teníamos mucho miedo. Después Hungría abría las puertas hacia Austria, con lo que un éxodo de alemanes salía hacia la RFA por ahí. Cuando Honecker cerró las fronteras, cerca de cinco mil personas se refugiaron en la embajada de la Alemania Occidental, en Praga. Por si fuera poco, en esos momentos se celebraban los 40 años de la constitución del país y todo el mundo retransmitía en directo lo que pasaba: miles de personas comenzaron a manifestarse en torno al lugar donde se estaba conmemorando el aniversario. Hubo más de mil detenciones, muchas de ellas, personas que no tenían nada que ver, pero que estaban ahí. Fueron maltratadas: se vio cómo pegaban –con toda la intención–, al estómago de una mujer embarazada; trataron a las personas como animales…

Y entonces…

Entonces sucede lo que todo el mundo conoce del 9 de noviembre de 1989. Por un malentendido sobre quién era el responsable de autorizar que alguien viajara, en un momento determinado, a occidente, se comenzó a reunir mucha gente frente a los pasos fronterizos. Miles de personas que exigían pasar porque –decían– “el gobierno de este país ha declarado que podemos viajar donde queramos”.

¿Así? ¿Sin más?

Hay que imaginarse la situación: puestos fronterizos cerrados; el muro; el alambre de espino; la vigilancia… Y varios centenares de personas que se acercan. Los guardias no sabían nada de lo que les decían, y al teléfono, nadie respondía. Ningún responsable. Miles de personas: cada vez más. ¿Qué hacer? O disparar y provocar una sangría, o abrir.

No hubo sangría

Cruzamos la frontera, en medio de una masa de gente absolutamente eufórica que veía que nadie impedía la salida. Una auténtica locura. La única pregunta que nos hacíamos era: “¿por qué ha durado 40 años? ¿Por qué no habíamos venido antes a decir que nos dejaran pasar?”.

Entrevista a Dieter Wendland


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¿Me tocará la lotería?

Para algunos, el 22 de diciembre de cada año es un día muy especial. Esperan poder convertirse en los nuevos ricos o, quizá, poder saldar las deudas (hoy, por desgracia, tan comunes...). Los sorteos de lotería han provocado ríos de tinta, y cintas de vídeo -hoy deberíamos decir "codificaciones de 1 y 0"-. Es clásico ya la fábula del que se encuentra un número y lo regala a la camarera que le sirve el café, y resulta ser el número ganador... Durante esta época, "la bruixa d'or" -que ha sabido modernizarse a los nuevos medios- se hace, literalmente, de oro... Muchos los que compran números... pocos aquellos a los que les toca algo...

El 22 de diciembre de 1999 estaba trabajando en Radio Universidad de Navarra y me encargaron un reportaje sobre la Lotería Nacional. Entonces, Internet no funcionaba como hoy -¡es de hace dos días!- y busqué información en una enciclopedia -wikipedia, ni existía-. Me hizo gracia encontrar que alguien se había dedicado a formular la probabilidad de que me tocara la lotería. Me pareció una buena manera de comenzar el reportaje: explicar la historia de este gran premio, dejando de fondo una voz constante leyéndome esta larga -eran más de 3 ó 4 páginas- fórmula.

Termino la historia, pero la fórmula sigue. ¿Qué probabilidad? Ínfima... pero a alguien, le toca... :)


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Cuando el dolor se convierte en un bien

El dolor, objetivamente, es un mal. El hombre está hecho para vivir y poder compartir esta vida con su creador. Pero el dolor, existe: es humano.

Hace poco tuve varias conversaciones con Joaquín Romero, enfermo de esclerósis múltiple. Romero tiene 41 años, y lleva casi veinte años pegado en una silla de ruedas. Debido a esta enfermedad, va muriendo cada día un poco... hasta que llegue el día en que no pueda respirar. Y ya está. No obstante, Joaquín Romero es el hombre más feliz del mundo. Es lo que me contaba y lo que pude comprobar. Con él, dan ganas de segir viviendo y de pensar: ¿por qué me estoy quejando cuando tengo todas mis facultades intactas?

De esas conversaciones surgió una entrevista publicada en Mundo Cristiano. Os la dejo a continuación. Cuando lo tenga, lo subiré, también, en pdf (abajo).


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Él quería conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, cuando le diagnosticaron, hace casi veinte años, esclerosis múltiple –una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa– pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que sólo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”.

Hoy, Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como él dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le pierde y no duda en definir su situación como de “un milagro; un caricia de Dios”…

Tendría yo 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había hecho el servicio militar; estudié lo que quise, arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

¿Qué te dijo?
En ese memento, lo que me sonaba más extraño era el psiquiatra, pero me llevaron al neurólogo. ¿Qué era eso? No lo había oído nunca. Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Yo quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le dije –no tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”.

Y ¿qué hiciste? ¿Qué pensaste?
No lo sé. Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisiera tenerlo todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien con quien confiar y contar mis problemas. Yo tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar –soy un apasionado del mar–…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?
No se solucionan, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos s
e aclaran. El médico me lo dijo muy claro ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Soy enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero que lo peor era que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.
Por eso no te detuviste
Claro. Y por eso, cuando vi que si no hacía algo ya no podría valerme por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue como lo que comenzó en esos poco más de 30 metros cuadrados, hoy es ya una empresa –única en España– que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que yo puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Habrás visto mucho dolor
Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…


Desde entonces me prometí no desperdiciar ni un segundo de mi vida para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final: “Y tú, ¿qué?”. “¿Qué de qué?”, les digo. “No, ¿que cómo lo llevas?”

¿Qué les dices? ¿Se puede amar el dolor?
No. Por sí mismo no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les digo que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. Es un misterio el dolor, sí; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué Padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que le falte, a Dios. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes y te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…


Pero esto es una solución para los que creen…
¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a un grupo de mutua ayuda, donde unirse y quejarse en alto de lo duro que es la sociedad, de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: no he estudiado ni por asomo teología, pero que yo sepa no se ha explicado teológicamente por qué se puede vivir con alegría dentro del dolor…; yo, en cambio, lo he conseguido. Y no es broma. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay una cosa no he perdido jamás: lo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido –por lo que apostado– eso, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora. Lo he probado cuando estaba sano y jugaba a fútbol. Cuando estaba con los amigos. Cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… y justo hoy que me he caído en la calle y me he dado un golpe en la cabeza. Me podría haber hecho daño… pero yo sigo contento. Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a risa, a ironía, a locura… no. Esto no lo hace un hombre. Un hombre no es capaz de tener una imaginación tal como para inventar algo tan complejo como todo lo que te estoy contado. No: eso sólo lo sabe y puede hacer Dios.

¿No te ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!
Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que yo ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Yo le dije que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tengo totalmente encantado, le doy la vuelta y reconduzco la conversación: ¿no te parece más bello luchar por la vida?

Hay gente que dice que la eutanasia es una solución
¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es injusto egoísmo. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si has oído, aunque sea de lejos, que alguien da una solución, tienes que descubrir cuál es. Si quieres realmente al enfermo –si lo amas de veras–, tienes que buscar todo lo que puedas…

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?
En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario, tío… tienes la oportunidad de poder hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Como las COES. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.
Todo esto, ¿lo descubriste de la noche a la mañana?
¡No, no! Esto sería con el manual del que te hablaba… A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras… pero desde entonces, ¡han pasado más de veinte años! El Joaquín Romero de ahora, no tiene nada que ver con el de ese momento. Si quieres es más radical… pero con un corazón que no le cabe dentro.

¿Qué le dirías a Dios cuando llegues al Cielo?
Le daría un “gracias” y un besazo. Gracias y un beso muy grande por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Diría “chapeau”. Si tuviera un sombrero, me lo quitaría. Me pondría de rodillas –porque entonces sí podría– y le diría: “increíble. Lo has bordado”.




Info: B&J Adaptaciones


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Evolucionismo y la elegancia de Dios

Charles R. Darwin (1809-1882) era un científico como cualquier otro; pero un científico al que le tocó vivir una época de cambio. Un buen hombre que se dio cuenta de que las cosas existentes tenían un origen muy distinto del que había estudiado de joven. En ese momento, cuando Darwin estudiaba teología para ser pastor anglicano de una iglesia rural -hay que tener en cuenta que en esos años del siglo XIX los únicos "naturalistas" eran los teólogos-, se explicaba la existencia de las cosas por la teoría "fijista". Esta teoría decía que todas las cosas han sido creados en un momento fijo, determinado, tal como están hoy. Es decir: hace unos 4000 años. No evolución. No transformación. Esto, lo creía también Darwin... hasta después de su viaje por el mundo a bordo del Beagle.


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Hace poco estuve hablando con Daniel Turbón sobre todas estas cosas (aquí podéis leer la entrevista que publiqué al respecto). Turbón es catedrático de Antropología Física por la Universidad de Barcelona, y acaba de publicar un libro con Carlos A. Marmelada, titulado Darwin y el mono. En él, estos dos autores hacen una biografía del autor de la Teoría Evolucionista, mostrando en qué consistió realmente, y por qué se ha mitificado tanto a este científico en favor, muchas veces, de la eugenesia y el racismo (Darwin, en vida, se dio cuenta de esta "mitificación", y la rechazó por completo).


En mis conversaciones con el profesor Turbón, hablamos de algo que acababa de publicarse: una investigación por la que se descubrió la clave de por qué los hombres hablamos y nos diferencia tanto de los primates. Esta es su visión:
Los monos se mueven en el nivel subhumano, donde todo es pura biología. Los primates no hablan, no porque no tengan capacidad de hablar, sino porque no tienen qué decir".
Es cambiar un poco la idea. Turbón es un hombre ecuánime a la hora de expresar su opinión, pero muy claro, sobre todo al decir que a menudo se usa la ciencia para querer mostrar la ideología:
Nosotros somos más que simples moléculas. Es muy difícil recuperar el ADN de los fósiles y decir que somos simplemente eso: meros animales. Nosotros podemos hacer matemáticas, astrología, reflexionar... Los demás animales, no tienen esta capacidad de abstracción".
Y también:
La ciencia es muy limitada en su conocimiento, a diferencia de lo que quieren hacer ver algunos científicos que se han apoderado de los medios de comunicación. Lo que dicen, es parte de la verdad. Decir que es toda la verdad, es una postura ideológica".
Y sobre la relación entre evolución y creación, me pasó una cita del entonces Card. Joseph Ratzinger:
No podemos afirmar: creación o evolución. La fórmula exacta es creación y evolución, porque las dos cosas responden a dos preguntas diversas. El relato del polvo de la tierra y del aliento de Dios no nos narra cómo ha tenido origen el hombre. Nos dice lo que es. Nos habla de su origen más íntimo, ilustra el proyecto que está detrás de él. Viceversa, la teoría de la evolución trata de especificar y describir procesos biológicos. No logra en cambio explicar el origen del 'proyecto' hombre, explicar su derivación interior y su esencia. Nos encontramos por ello frente a dos cuestiones que se integran, no se excluyen".
Una de las cosas que le pregunté fue si existía el azar. Y me dijo:
El azar estadístico sí existe, pero es compatible con que un ser superior haya introducido procesos de azar... Imagina un piloto en el polo norte. Decide viajar hacia algún lugar de la tierra, pero al azar: en función de los dados, hacia un meridiano o hacia otro... Si no detiene el avión, siempre llegará al polo sur. Un proceso de azar, pero con una finalidad. ¿Azar? Sí. Pero no es incompatible con un fin".
Citando al investigador estadounidense Francis S. Collins, autor del libroThe Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief y director del Proyecto Genoma Humano, decía:
La evolución es la elegante manera con que Dios creó al Hombre".


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Eduardo Verástegui en Barcelona (octubre 2009)

Mi idea inicial de Rescrito, era publicar cosas que ya hubieran salido en otro lugar y que hubiera publicado yo. Por eso "rescrito": como un "sofrito" de cosas ya "escritas" -por eso lo de una sola "e" en el nombre :)-. Pero pensaba que este vídeo tiene bastante que ver en lo que vengo publicando últimamente: sobre Eduardo Verástegui. Le hice una entrevista, publiqué un libro sobre su particular metanoia y Bella , después vino a la UIC donde le hice otra entrevista... Ahí también tuve parte implicada. Por ello, adjunto dos vídeos bastante interesantes: el resumen de ese 20 de octubre y su estancia, al día siguiente en el colegio Pineda, de L'Hospitalet de Llobregat.

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Este el vídeo resumen de la jornada del 20 de octubre. Hablan Belén Zárate, Vicerrectora de Comunidad Universitaria y Xavier Amat, presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la UIC. Finalmente, los mejores momentos de la conferencia.


La jornada del 21 fue un poco lluviosa, pero valió la pena. Las chicas que pudieron estar en la conferencia, escucharon la historia de la conversión de Eduardo Verástegui de primera mano. También habló de castidad, noviazgo y de la vida...
El sexo es un regalo de Dios, algo sagrado (…). Por tanto, hasta que no llegue el momento de afirmarse delante del altar, ¿por qué compartir ese regalo con quién puede no acabar siendo la mujer con la que viva hasta la muerte? (...) Vivir la castidad es imposible, pero con la gracia de Dios, todo es posible (…). Reconociendo esa debilidad es como tú vas a encontrar a Dios y vas a lograrlo. No es una necesidad física; es un deseo. Es una necesidad física el comer y el beber, pero no el sexo. Sí se puede vivir la castidad, con Dios”
Por supuesto, volvió a hacer el canto a las madres que tanto repite: está convencidísimo del papel que tuvo su madre en su conversión:

Yo creo que no hay nada más poderoso que las oraciones de una madre por sus hijos (…) Por eso, si aquí hay alguna madre, me gustaría decirles que no desesperen si tienen algún hijo que se esté perdiendo; que recen por él o ella
Finalmente, Eduardo Verástegui habló otra vez en defensa de la vida.
El vientre materno tendría que ser el lugar más seguro donde estar, y hoy es el lugar que más ataques está teniendo… De todo lo que hay en el universo, Dios eligió ese espacio para crear una nueva vida. Yo tengo la esperanza de que el aborto acabe siendo ilegal algún día; en Estados Unidos, en México, en España… ¿Cuándo va a ser ese día? No lo sé, pero eso no me quita las ganas de seguir defendiendo este derecho a la vida

Finalmente, firmó unos cuantos libros...

Después pudo estar disfrutando de una visita de la Sagrada Familia de Gaudí. Le pareció impresionante.


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Eduardo Verástegui: un "tío" normal

Le hace gracia -como en general a todos los latinoamericanos- lo de "tío": "aquí lo usamos para todo", ha comentado alguna vez, divertido... Y es así: de verdad, Eduardo Verástegui es un "tío" normal. Bien: es cierto que es actor, que está en Hollywood y eso no le pasa a todo el mundo; sí, pero quitando todo esto, es una persona que tiene que luchar para estar donde está y mantenerse en sus convicciones. El 20 de octubre vino a la UIC a dar una conferencia para explicar su experiencia y pude estar bastante rato con él. Creo que ha sido una opinión bastante unánime de entre las más de 800 personas que le escucharon. Su modo de contar y de hablar le hace ser muy cercano.

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Cuando llegó a la universidad, estábamos varios para recibirle. Me saludó como a alguien que ya le conocía (he estado con él en otras ocasiones: en Barcelona para hacerle una entrevista y en Madrid, donde le di un ejemplar del libro sobre él). Me dijo que le gustó mucho el libro: el estar escrito en tercera persona -alguien que hablaba sobre él- lo hacía mucho más real, por decirlo de algún modo.

Contrariamente a lo que se podría esperar, Eduardo Verástegui es un hombre muy tímido, pero se supera a sí mismo muchas veces, para poder hacer lo que está haciendo. Nunca hubiera pensado que su deseada vida del espectáculo -aquella que buscó desde muy pequeño- le llevaría por todo el mundo explicando su conversión y luchando por la defensa de la vida.


Sobre la vida hablamos en el rectorado de la UIC, en un rato agradable de tertulia que tuvimos, antes de firmar en el libro de honor de la universidad. Contó que, hablando con un médico abortista, le contó la historia de un médico de Estados Unidos que dejó de abortar por algo que le pasó y le impactó.
Se trataba de un médico que practicaba muchos abortos al año. Un día, su familia se estrellaron en un jet particular que cayó en un cementerio. Dio la "casualidad" que el lugar justo en el que se estrelló había un monumento dedicado a los niños no nacidos por aborto... Eso cambió por completo su vida.
Al terminar su historia, Verástegui le preguntó: "si este tuvo que sufrir esto, a ti, ¿qué te tiene que suceder para que te des cuenta del mal que estás haciendo?"... Eduardo Verástegui le regaló una medalla de la Virgen Milagrosa bendecida por el Benedicto XVI, y el médico le dijo: "Gracias; la necesitaré".

El actor de Bella estuvo muy bien estos dos días en Barcelona. Le gustó mucho. En la conferencia estuvo muy a gusto y -¡qué paciencia, la suya!- atendió a todos -y, principalmente, a todas- los y las que tuvieron ocasión de acercarse a él.

Por la noche, todo el equipo estuvimos cenando. Al finalizar nos despedimos y me dio un gran abrazo. Pudimos hablar de un posible proyecto de un nuevo libro. Dios dirá.

Eduardo Verástegui no es un santo (éstos sólo están en el cielo). Pero sí es una persona que sabe cuál es su meta; comprometida y que quiere ser cada día un poco mejor. Me dedicó uno de los libros y se lo agradezco sinceramente.

A él quiero dedicarle esta entrada y le animo en todo su trabajo.


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Jaume Balagueró: un hombre que da miedo

Cuando escribí la entrevista que hice a Balagueró, hice un juego de palabras, en catalán, con el verbo "hacer". Para decir "da miedo", en catalán decimos "fa por" (="hace miedo"). La ambigüedad estaba en que "fa por" podía ser tanto él, como que "crea", miedo... Lógicamente, él es un hombre normal, con quien se puede hablar sin ningún problema.

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Me gustó el modo como "se salió" del pequeño ejercicio que le pedí que me hiciera: al igual como hicieron con Hitchcock, que me contara, en pocas palabras, qué etiende por "intriga"... Y el "ejercicio" me lo puso a mí: me dijo que toda la entrevista había sido un montaje encargado por mi jefe para ver si hacía lo que debía... Me hizo gracia.

La entrevista está en catalán. Pero, como decía Raimon en un concierto, como hablamos el mismo latín más o menos modificado, creo que no hace falta traducirlo más. En la UIC anunció que en pocos meses se estrenaba REC.

Entrevista a Jaume Balagueró


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Un 600...


Hace unos años, en Radio Universidad de Navarra, me encargaron un reportaje un poco especial. No me acuerdo muy bien cuál era el motivo, pero el caso es que el tema era el Seat 600. Conseguí una entrevista con un coleccionista barcelonés de 600 y después tenía que hacer un reportaje.

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Como ya tenía la entrevista, pensé que no podría aportar mucho más: ¡repetiría lo mismo! Dicho y hecho. Se me ocurrió hacer un "viaje" en 600 y, desde dentro, explicar cómo es. Describirlo. En primera persona... Lógicamente, el personje es ficticio. Pero, es verdad, yo también fui en un 600. El de mi abuelo. Este reportaje lo hice antes del del tren.




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Si yo fuera Dios...


Hace unos tres meses, Mons. Romera, rector de la Pontificia Università della Santa Croce estuvo en la UIC, dando una sesión a profesores de Humanidades sobre la situación del cristianismo en el mundo actual. Fue interesante. Sobre todo el rato de charla que tuvimos él y yo esa misma tarde. Le comeneté lo de los "autobuses ateos", que en ese momento estaban circulando por Barcelona y me gustó lo que me dijo:

a veces se maneja un concepto superficial de felicidad. La auténtica felicidad la da Dios -la felicidad eterna-. Cualquiera puede darse cuenta: en la medida en que yo vivo para los demás, en esa medida yo crezco más. Es una paradoja: pierdo mi yo, cuando en realidad, gano. Frivolizar sobre todo esto es quedarse en lo superficial: "probablemente... despreocúpate" ¡Nos va la vida!

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Es verdad, le comenté. Pero los ateos existen: no todo el mundo lo parece tener tan claro... Romera me citó a Niestzche, quie, efectivamente, negaba a Dios. Pero se daba perfecta cuenta de lo que ello comportaba:

borrando a Dios, hemos borrado el horizonte que tenemos; borrando a Dios, no hay ningún Dios que nos ilumine ni ilumine nuestros pasos; borrando a Dios es como precipitarse en la nada...

El cristianismo no limita a la persona humana para que sea más persona, sino todo lo contrario: le dice cómo es para poder actuar en consecuencia.
Cuando falta una visión sólida de lo que es el ser humano, faltan criterios de autenticidad en los afectos, en los sentimientos... Eso tiene mucho que ver con la ideología de género, para la cual todo es fruto de algo cultural. En el fondo es un aceptarse o no a sí mismo. Aceptar la propia verdad y asumirla es algo muy importante. El problema es que se da una gran importancia a los afectos, y la felicidad tiene mucho que ver con ellos, pero no sólo. Hay que educar los afectos para que sean auténticamente humanos...
Finalmente, lo que más me gustó fue la afirmación a la pregunta sobre qué es lo que aporta el pensamiento cristiano: el concepto de filiación.
el cristiano es alguien que se sabe hijo y, por eso, querido. Hijo de un Dios que perdona, que no es despótico
... y por eso, su visión optimista. Ahora bien: ¿por qué, si Dios es un Padre tan bueno, permite el mal? ¿Por qué no lo evita? Es la tentación de muchos: si yo fuera Dios, no permitiría que el mal exisitiera... Pero Dios nos ha hecho libres: ese es el riesgo que ha corrido; para que le amáramos. Sí. Pero libremente.

Entrevista a Mons. Luis Romera


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Verástegui y el libro

El pasado 4 de julio, Eduardo Verástegui estuvo en Madrid, para presentar el "IV Congreso E-Ciudadano" que organiza la asociación HO. Este año el tema era el aborto y Verástegui, gran defensor por el mundo de lo que él llama "los que no tienen voz", fue invitado para abrir el congreso. Además, por la noche recibió el premio HazteOír 2009, en la modalidad Sociedad Civil.

El caso es que yo fui a la presentación, en calidad de periodista, por petición expresa de Palabra, la editorial que publicó el libro Una bella historia, sobre la vida de este actor y la influencia que ha tenido y está teniendo en el mundo entero su cambio de vida. Fui para regalarle un ejemplar y lo pudiera leer. Por eso, aproveché la ocasión para hacerme un foto con él.

Gracia a Dios, el libro está siendo un éxito. En dos meses se vendieron más de dos mil ejemplares y el eco me está diciendo que a la gente le gusta. Verástegui me lo agradeció, deseando que éste fuera también un instrumento que pudiera servir para transmitir su nuevo mensaje que está llevando por distintos rincones del planeta.
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En su conferencia, Eduardo Verástegui contó dos historias de dos "bebés bella", com él los llama. Uno, es el que me contaba en la entrevista que publiqué hace ya un tiempo y que también sale en el libro, algo ampliada. Otra es la de Eduardito, el primero de estos bebés.

Verástegui habló muy claro respecto al aborto y explicó su esfuerzo actual para luchar esta "lacra", como lo denominaba. Entre otras cosas, dijo que estaba preparando un documental para explicar la realidad del aborto. Además, también habló de la "Clínica Guadalupe", una fuerte inversión para construir una clínica que ayude a las madres embarazadas en un barrio hispano de Los Ángeles.


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