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Entrevista a Núria de Gispert

Durante la entrevista en el despacho presidencial
Cuando entrevisté a Núria de Gispert, actual presidenta del Parlament de Catalunya, me dio la sensación de estar hablando con una persona dedicada a la política. Sí, ya sé que es política, pero lo digo en el sentido de vocacional. La política -lo que los clásicos han entendido como "política"- está para servir al pueblo (a aquel que teóricamente tiene el poder). Y, no sé por qué, me dio la sensación de que De Gispert así lo entendía y así lo vive. A veces parece que los políticos están en otro planeta. De ella, no me dio esta sensación. Es verdad: es política y seguro que se supo vender. Sí. Quizá me equivoque -el tiempo lo dirá-, pero esta fue mi impresión. Y salí contento del palacio parlamentario, la verdad.

Os dejo la entrevista original (por cuestión de espacio tuvo que ser recortada al publicarse en Mundo Cristiano), y una versión más breve, de Newsuic.

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Núria de Gispert (Barcelona, 1949) es mujer y es política. Pienso que vale la pena remarcar los dos puntos porque –me parece– son, para ella, como la explicación de toda su vida. Femenina –que no feminista– y defensora –¿o luchadora?– del papel de la mujer en la vida social: “de joven siempre protestaba y buscaba la igualdad entre sexos: yo quería estudiar una carrera universitaria, defender mis derechos… ¡en todos los ámbitos!”. Pero, quizá por una educación muy “a la antigua usanza”, le costó sudores. “Se trataba de otros momentos, otra época. Yo era la pequeña de nueve hermanos –cinco chicas y cuatro chicos–, y era lógico que mis padres lo vieran así; no lo critico y siempre lo he respetado”.

Casada y con cuatro hijos, finalmente estudió la carrera jurídica para dedicarse a lo que realmente era su “vocación”: trabajar en la administración pública. “Estuve un tiempo en la Diputación de Barcelona, hasta que el presidente de la Generalitat de entonces, Josep Tarradellas, pidió la colaboración de 300 funcionarios para crear la nueva administración del gobierno catalán. Me gustó mucho la idea ya que suponía todo un reto, para mí”.

Pasados seis años –cosas de la vida–, De Gispert acabó por afiliarse en Unió Democràtica de Catalunya: “nunca había pensado dedicarme a la política, pero me metí porque sentía como una obligación de devolver la confianza que se me había otorgado, y veía que lo podía hacer sirviendo desde el que había sido siempre mi ámbito, el del derecho”. Así, la vida le ha ido llevando por muchos caminos, hasta llegar, hoy, a ser la primera mujer en presidir el Parlament: “me emocioné, el día de mi investidura, porque veía alcanzada una meta –el de la mujer– que costó mucho tiempo y esfuerzo”. Pero la vida le ha llevado, también, por senderos muy duros, como una enfermedad de la que podría haber muerto…

Tenía, entonces 46 años. Fue un golpe muy fuerte: para mí y toda mi familia. Cuando te dicen que tienes un cáncer, en el fondo no te lo acabas de creer. Has ido conociendo a mucha gente que ha sufrido algún tipo de enfermedad así, pero lo ves como algo completamente ajeno a ti. En cambio, cuando te lo dicen… Se hace muy difícil, aún sabiendo que estaba en las manos de Dios, y de unos buenos médicos. Yo intentaba no pensar en ello y seguir haciendo lo de todos los días.

¿Siguió trabajando?
Recuerdo que a los quince días estaba de nuevo en la consejería, pero me cansaba mucho porque el tratamiento al que me sometían era muy duro. No podía realizar grandes esfuerzos: te encontrabas mal… Por eso, pedí que me lo hicieran los fines de semana y, de este modo, poder seguir con mi labor diaria durante el resto. No obstante, fueron meses difíciles.

¿Cómo lo vivió su familia?
Mi hijo más pequeño tenía entonces 16 años, y la mayor 22. Sabían qué estaba pasando, pero como veían que en pocos días estaba de nuevo haciendo vida más o menos normal, tenían un poco la sensación aquella de: “mamá lo superará, no hay problema…”. Pero los viernes por la tarde, cuando volvía del hospital, estaba muerta. Lo pasaba fatal y eso les debía de dejar tocados.

¿Temió, alguna vez, por su vida?
Quizá nunca llegué a pensar que…; la esperanza es algo que nunca pierdes, y lo ves en amigos que están en fases terminales y confían en vivir. A la distancia, hoy posiblemente lo entienda un poco más, pero en ese momento tenía la sensación de que no me podía pasar nada; “si luchas, lograrás salirte”, pensaba… Pero, fríamente me daba cuenta de que sí: como a aquél o aquél otro… ¿Por qué a él sí y a mí no? El caso es que ahora estoy aquí, y a veces digo que me siento más cansada, que me encuentro peor… y busco la excusa del cáncer. El médico me dice, medio en broma, medio en serio: “sí, mujer, un poco sí…; y la edad: ¡que veinte años también se notan!”.

Por lo que me cuenta, usted ha sido siempre una mujer muy trabajadora, ¿le ha sido fácil compatibilizarlo con la familia?
No, nada fácil; pero es que ni las jóvenes de hoy lo tienen fácil. También mal ayudadas por el contexto crítico en el que vivimos. Pero es que aquí, a pesar de tener un clima muy bueno, a veces seguimos trabajando a las ocho de la noche, y esto es incompatible con estar con la familia. Es verdad que en los últimos veinte años hemos mejorado mucho en la igualdad de sexos y, poco a poco, también los hombres son más conscientes de la responsabilidad que tienen para con su familia; pero me parece que sigue siendo más difícil para las mujeres que para los hombres.

Al final es una historia de dos…
Sí, claro. Este creo que es el gran problema: darse cuenta de que los dos tienen que ser capaces, quizá, de sacrificar algún momento de su vida para dedicarlo a los suyos. Conciliación es esto: una asignatura pendiente que no tiene que venir de fuera, sino desde dentro de la familia. En cuestiones legales de igualdad estamos al día; pero es lo que ya he dicho en otras ocasiones: el techo de cristal aún está por romperse.

¿Es cuestión de “paridad”?
No: la paridad es como una cierta imposición que, aunque ha tenido sus contrapartidas positivas –algunas mujeres muy competentes han logrado tener puestos de responsabilidad porque se han visto como “obligadas” a ello, y de otro modo no habrían alcanzado–, no me parece la solución. La mujer siempre se ha planteado si sería buena o no, si podría compatibilizar la vida laboral, política y familiar; y el hombre empieza a planteárselo: hace veinte años no pasaba. Esta mentalidad es la que hay que cambiar.

Todo esto es un discurso muy feminista; también el día de su investidura, dedicó gran parte de lo que dijo a la mujer. ¿Es, usted, feminista?
Desde que tengo uso de razón he sido una gran defensora de la igualdad. De pequeña viví mucho la diferencia entre chico y chica: en educación, en las obligaciones en casa… y siempre protestaba: quería defender mis derechos, en todos los ámbitos. Ahora bien: nunca me planteé ser de una organización feminista. Tuve posibilidades de entrar en alguna, pero me daba la impresión de que acotaba demasiado, que era un poco cerrado: ciertos planteamientos feministas no iban conmigo. Defiendo la igualdad, pero en el sentido de que los dos sexos suman, no son contradictorios. Somos diferentes, y la diferencia nos enriquece. Nos complementamos. Por eso quise dedicar una parte de mi discurso a las mujeres que habían luchado por nuestros derechos y habían conseguido lo que hoy tenemos, que es muy importante.

¿Se lo pensó mucho, al preparar su discurso?
Era la ocasión que tenía, aprovechando esa atalaya. Pedí consejo a mis colaboradores. “¿De qué querrías que se hablara al día siguiente?”, me dijo uno. “De que la nueva presidenta del Parlament ha defendido el derecho de las mujeres porque muchas lo están esperando”. Y así fue y creo que no me equivoqué. Dudé porque no quería que se me viera demasiado feminista o “de género”, porque no soy así; pero al final, lo hice. Sólo el año que no tengamos que celebrar el día de la mujer trabajadora habremos conseguido normalizar este aspecto. Hasta ese momento, está claro que tendré que participar en algún acto o escribir algún artículo sobre la mujer… pero siempre teniendo presente este aspecto.

En su discurso, hizo referencia a dos autores cristianos, Maritain y Cardó: no es normal, por los tiempos que corren: ¿hemos olvidado nuestras raíces?
Yo me crié en una familia cristiana: nunca me he escondido de serlo. Pero es que, además, Unió ha bebido mucho del pensamiento de estos dos autores. Sea como sea, ¿cómo es posible que se discuta si Europa tiene o no raíces cristianas? ¿Es que vamos a negar nuestra historia?

A veces parece que sea un tema tabú
Sí. Mira, en una misma legislatura sucedieron dos hechos muy significativos. Cuando murió Juan Pablo II, se pidió un minuto de silencio y en la junta de portavoces se dijo que sí. En el momento de hacerlo, ostensiblemente, un grupo y medio de la cámara se levantó y se fue. Pero, ¡hombre! Aunque sea en señal de respeto: ¡que representa millones de personas, muchas de las cuales te han votado! En cambio, cuando vino el Dalai Lama, todos se daban de bofetadas para saludarle… Esto no tiene ningún sentido.

¿Cuál cree que tiene que ser el papel de los cristianos en política?
De entrada, pienso que es muy importante separar claramente política e Iglesia. Esto no significa que tengas que sustraerte de todo aquello que es tuyo, lo que has vivido o lo que crees. Como presidenta de un parlamento, mi papel tiene que ser muy neutro –en el sentido positivo–, teniendo en cuenta que soy presidenta de todos y represento, por tanto, a 135 diputados. Ahora bien, mis discursos, la elección de dónde voy o dejo de ir, etc., está muy ligado a mi modo de ser y, como soy cristiana –hay muchos cristianos en política– siempre estará presente lo que pienso de la persona, de la comunidad… Es un poco la manera de defender lo que crees y lo que eres, ¿no?

Quizá sea la falta de coherencia de los políticos lo que haya llevado a unos altos niveles de desafección para con ellos, ¿no le parece?
Bueno…; por un lado, pienso que es lo que ocurre con todas las democracias: cuando se ve como algo natural, empieza el desinterés ciudadano. Recuerdo, en los años 70, viajar a Alemania y quedar como hipnotizada viendo los mítines que ahí se hacían, la publicidad… Era algo que estábamos esperando, pero nos sorprendía el alto abstencionismo que había. “Esto no nos pasará”, nos decíamos. “En cuanto tengamos la oportunidad, seguro que no seremos así”… Pero, ya ves: nos hemos acomodado.

¿Estamos ante una crisis de valores?
Yo creo que sí. Valores que siempre habíamos tenido como necesarios para nuestro desarrollo, sencillamente los eliminamos y, cuando uno se da cuenta, ya es tarde: ¿hay que llegar al final del túnel para ver que necesitamos la cultura del esfuerzo, el valor de la autoestima, el de la iniciativa, el compromiso personal y colectivo…? En todo esto, la familia –que durante muchos años ha quedado abandonada– tiene un papel absolutamente necesario. Es la principal educadora, sin formar compartimentos estancos con la escuela: no sólo en aspectos materiales, sino completamente, como personas; educación integral desde el humanismo, con la inspiración que se quiera, pero total. Entonces, cuando pasas cinco, ocho, diez años, obviando todo esto, pasa lo que está pasando con los informes Pisa o con los que quieras.

¿Cree que es una situación tan grave como se plantea?
Sí; y pienso que lo de los valores es la raíz de esta situación. Hemos vivido en un estado de bienestar más allá de nuestras posibilidades reales y, con el tiempo, ha hecho mella. El problema es que a veces da la sensación de que los que han estado más arriba, o bien no se han dado cuenta o han preferido mirar hacia otro lado; y, cuando en 2007 la crisis era una realidad, y otros países europeos como Alemania, Francia o Italia empezaron a reaccionar, en España perdimos dos años. Yo diría que es la peor crisis que hemos tenido en los últimos cincuenta años. Es más: estamos ante una situación sin soluciones directas, sino que tienes que ser capaz de entender todo el mundo que nos rodea y procurar tomar decisiones que aquí hemos tomado tarde y mal.

¿Qué querría que se recordara más, de la primera mujer presidenta del parlamento catalán?
Que he intentado ser una presidenta abierta a todos y que la vida parlamentaria fuera lo más cómoda posible, sabiendo que cada uno tiene su modo de pensar y ser, su política. Además, me gustaría que se notara la huella de una mujer y que, aún siendo diferentes de los hombres, esta diferencia en positivo se muestre en la toma de decisiones o en la forma de tomarlas...; o en aquello que siempre digo de que las mujeres nos preocupamos tanto del día a día que siempre vamos a tiro hecho y procuramos ir más rápido y si una reunión puede durar veinte minutos, que no dure cuarenta, porque hay que trabajar mucho y bien.

*****
RECUADRO

Núria de Gispert i Català, hoy es muy honorable. Mujer madre. Presidenta del Parlament de Catalunya desde hace ya casi un año: en diciembre pasado se constituía el noveno parlamento catalán de la democracia en España; y ella, la primera mujer en presidir ese hemiciclo. Por ello, se emocionó: oyó su nombre, se levantó y miró hacia donde estaban sus familiares: una docena, entre marido e hijos. Mujer fuerte. No dudó en usar parte de su discurso de investidura para hablar de la situación histórica de la mujer en la sociedad: “Sin contar momentos puntuales, hasta ahora no hemos escrito la historia, pero queremos escribirla en el futuro”. “En el siglo XXI tenemos una imagen más fuerte en cuanto a derechos y participación en la esfera pública, pero hay que seguir luchando asumiendo la diferencia como fuente de igualdad, rompiendo, así, el techo de cristal que no se ve, pero impide alcanzar la igualdad real”. Una diferencia que nos complementa, no nos separa. “Aportamos una visión de la vida distinta, ni mejor ni peor; formas distintas de tomar decisiones”. Mujer fuerte, pero conciliadora. De esas personas que hacen agradable la política, porque la han entendido como servicio: “la política es huir del maniqueísmo de los buenos y los malos; es hacer del diálogo premisa básica de nuestro cuaderno de bitácora; es eliminar de nuestro manual de conducta el insulto; es entender la política como un servicio”. “Sólo si avanzamos juntos fortalecemos y damos cohesión a nuestro país”. Mujer y señora de Barcelona. Un periódico la vistió de hada madrina. Y ella, que querría poder tocar con la varita y acabar con esta crisis. ¿Lo conseguirá? Su simpatía, por lo menos, la hace más llevadera. Veremos.




Y aquí la versión breve de Newsuic.

Entrevista a Núria de Gispert


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«Bicicleta, cuchara, manzana...»: la vida en tres palabras

Yo también viví el Alzheimer bastante de cerca: tuve un abuelo que falleció por esta enfermedad. Y lo viví. Tenía, entonces, pocos años, pero me daba perfecta cuenta de la gravedad de este problema cerebral. El año 2011 que acabamos de dejar ha sido el año del Alzheimer: algo aún muy misterioso y difícil de entender y algunos personajes conocidos han impulsado fuertemente la investigación en ella: el ex-president de la Generalitat de Catalunya, Pasqual Maragall u otro presidente, de fuerza mayor: Ronald Reagan.

Por ello, para conmemorar este año especial, quise entrevistar a uno de los investigadores sobre esta enfermedad de la UIC. Alejandro Gella, muy cortésmente, me recibió en su laboratorio; y ahí, hablamos un buen rato. También del documental Bicicleta, cuchara, manzana (2010), sobre esta enfermedad en Maragall.

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“Bicicleta, cuchara, manzana”…: tres palabras. Tan sólo tres palabras que pueden marcar una vida. Son muy sencillas, pero no todo el mundo las puede recordar. Hoy, son muy famosas gracias al documental sobre Pascual Maragall, que así empieza: “¿me las puedes repetir?” “No; no me acuerdo”… Son los síntomas del Alzheimer. Una enfermedad sobre la que tuve la oportunidad de hablar con el Dr. Alejandro Gella, investigador de la Facultad de Medicina y Ciencias de Salud de la UIC 

El paciente empieza a no recordar cosas que le acaban de suceder, mientras tiene buena memoria para las cosas más antiguas. Lo de las tres palabras es una prueba muy usada; cualquiera: libro, manzana, casa…

Pero, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué dejan de recordar?
Es difícil de explicar en pocas palabras. Hay una proteína en el cerebro que se procesa mal y se va acumulando con el paso del tiempo y al ser tóxica va matando las neuronas. Uno ve una manzana y, entonces, nuestro cerebro conecta unas neuronas con otras hasta llegar al concepto de “manzana”. Es como un entramado de redes de informática: las neuronas van donde la “memoria RAM” ha dejado la “manzana”. Y esa proteína –β-amiloide, se llama–, elimina progresivamente esas “redes”; y es muy rápida: en 5 ó 10 años, desde que se diagnostica, puede provocar la muerte

¿Por los efectos secundarios, o propiamente por el Alzheimer?
Esta proteína va atrofiando el cerebro, lo va contrayendo; hasta el punto que una persona que ha tenido esta enfermedad tiene un volumen cerebral mucho más pequeño que el de una persona sana. Esta atrofia se produce especialmente en dos zonas del cerebro que conocemos como hipocampo y corteza, implicadas en procesos cognitivos y en la memoria.

¿Podemos compararlo con el SIDA, en cuanto a número de personas afectadas?
La enfermedad de Alzheimer es peor: es la número 1. Actualmente, en Europa hay 10 millones de afectados y, si seguimos así, se calculan unos 18 dentro de cuarenta años. La cifra a nivel mundial se va doblando cada diez años… En España hay unos 600 mil pacientes diagnosticados con Alzheimer.

Y no podemos hacer nada
No, de momento: hoy no hay nada para curar a un enfermo de Alzheimer. Hasta ahora, los fármacos sólo son capaces de retrasar un poco el deterioro cognitivo, y nada más…

De todas formas, ¿se podría llegar a detener o a retrasar?
Yo creo que sí seremos capaces de curarla en el futuro: detectándola a tiempo y sabiendo dónde actuar, qué agentes atacar o reparar. Al menos pienso que podremos llegar a detenerlo hasta el punto de que la vejez sea tal que no tenga el impacto socioeconómico actual. El problema es que seguimos sin encontrar indicadores que nos digan que esa persona va a desarrollarla con el tiempo. Cuando se descubre ya es demasiado tarde. Pero en eso estamos.

En algunos medios hablan de algunas “vacunas”, y que para el 2018…
¡Ojalá sea cierto! Por ahora, creo que son “disparos al aire”. Las investigaciones llevan mucho tiempo: más de 10 años puede durar un proceso desde que se descubre algo, se sintetiza, se hacen pruebas in vitro, después en animales… Si alguien descubriera un fármaco hoy, hasta el 2025 no podría emplearse en humanos.

Pero supongo que cada vez serán más los que la investigan, ¿no?
Sí. Poco a poco somos más conscientes de la gravedad y se va inyectando más dinero, tanto público como privado. Pero aún sigue siendo la patología que más costes origina, y en la que menos se invierte.

Y cuanto mayor es la esperanza de vida…
Efectivamente, mayor es la probabilidad de padecerlo. No es lo mismo que la demencia senil pero, en el fondo, a la larga todos tenemos muchas posibilidades de padecer Alzheimer…; aunque puedes morir mayor sin tenerlo, lógicamente. En una persona con Alzheimer, digamos que el proceso degenerativo natural de la vejez, se acelera.

¿Cuál es tu experiencia personal, en este mundo?
A mis abuelos les conocí con esta enfermedad… Fue muy duro convivir con ella. Perder los recuerdos, vivencias, olvidarte de tus hijos, nietos…; pero procuro separar las emociones, lo personal, con la investigación, que es muy fría, muy impersonal… De todos modos, uno tiene ganas de encontrar algo que cure; algo que les ayude. Sería una gran satisfacción poder ir y decirle: “mira, este fármaco va a curarte…”

Al final, sólo nos queda ese trato más íntimo
Sí. Lowenthal y Haven desarrollaron la llamada “teoría del confidente” que me gusta mucho. El confidente alivia al anciano del temor de enfrentarse a lo desconocido y le da su mano. Es una mano firme, dulce… El ser positivo, el estar bien acompañado y tener una calidad de vida, la familia, la dieta mediterránea…: son factores “ambientales” que influyen mucho en retrasar la aparición de la enfermedad. Hay una frase mítica de Maragall que es muy significativa en este sentido: “en ningún sitio está escrito –decía el president– que esta enfermedad sea invencible”. Por eso creó la fundación en la que está metido ahora; y por eso, también, yo soy muy positivo ante lo que podemos llegar a hacer.
Entrevista a Alejandro Gella, sobre Alzheimer


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Bon Nadal! ¡Feliz Navidad! Merry Christmas! Joyeux Noël! Buon Natale! :)

Aunque ya hemos pasado Navidad, no así las fiestas que celebramos... pienso que sigue vigente poder felicitar a cualquier lector -ocasional o no- que pase por este mi blog...
En català...


... o en castellano...

Bon Nadal!!


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Sagrada Familia: un año de la visita del Papa (y 1)


Hoy hace exactamente un año de la increíble ceremonia de consagración de la entonces iglesia de la Sagrada Familia, en Barcelona. Un año de la visita de Benedicto XVI, que fue como una preparación de la Jornada Mundial de la Juventud que hubo después, en agosto, en Madrid. De ese momento, escribí una crónica para la revista Mundo Cristiano, e hice, como fotógrafo -y desde un lugar privilegiado- una gran número de fotografías que también añado en esta entrada. Una entrada, de un recuerdo imborrable. Es verdad que hubo voces agoreras, a las que no gustaba esta visita; pero, al final, lo que quedaba, era la felicidad que dibujó Barcelona de color de sonrisa, como en Madrid en agosto pasado... ¿O no?

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Tomando posiciones
No es fácil resumir una visita tan intensa como la que vivimos los días 6 y 7 de noviembre en Barcelona. Si tuviera que hacerlo en una palabra, me vería incapaz; pero si a la palabra le uno un gesto, una voz y un contexto, ésta sería la que salió de la boca de un niño con síndrome de Down, al salir de la obra benéfico-social Nen Déu. Con esa voz tan característica y con esa mirada distraída, pero a la vez profunda, cuando le preguntaron qué le había parecido la visita del Papa, respondió con fuerza: “¡Bien!”. Era la voz de un niño que se había sentido muy querido por alguien al que todos le vimos más padre que nunca.

Ha sido un viaje muy breve, pero de los que no dejan indiferente. Para bien, o para mal. Desde los tiempos del Papa Wojtyła, lo que haga el Santo Padre es cada vez más y más seguido. Para la visita a Barcelona, han sido más de 2.300, los periodistas acreditados –de unos 300 medios distintos– y unas 150 millones de personas de todo el mundo siguieron la ceremonia del domingo, en directo, y otras 300 mil se trasladaron hasta la capital catalana para, por lo menos, ver pasar a Benedicto XVI. ¿Quién dice que no interesa lo espiritual? Los números son los que hablan…

Hacía exactamente 28 años de la visita de Juan Pablo II a Barcelona: era el primer Papa que se paseaba por la Ciudad Condal y esta vez, su sucesor, aceptando la invitación del cardenal Martínez Sistach, venía como peregrino a la capital de Cataluña para dedicar uno de los templos más emblemáticos y el único actualmente en construcción: la ya basílica de la Sagrada Familia, ideada por  el genial arquitecto Antoni Gaudí i Cornet.

Aunque propiamente todo comenzaba el 6 por la noche, ante el arzobispado, donde se iba a alojar el Papa, Barcelona ya llevaba semanas preparándose para este gran evento. Facebook, blogs, twitter…: como una auténtica organización desorganizada, voces muy variopintas, hablaban de esta gran ocasión. Se convocaron dos grandes eventos que tuvieron un claro éxito de convocatoria: un flashmob, en la céntrica plaza de Cataluña y un recibimiento por todo lo alto, en la plaza de la catedral, bajo el lema: “ven con tu vela a recibir el Papa”. ¿Resultado? Centenares, o miles de jóvenes (y no tan jóvenes, aunque sí de espíritu), y un vídeo que en los tres primeros días llevaba una media de 140 visualizaciones por hora. El Papa, fuera de programa, salió por el balcón desde donde impartió la bendición a todos los que estábamos ahí.

Esa noche fue larga, para muchos; pero no aburrida. Como en el caso de la pasada en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús: “hacíamos turnos –contaba Alberto, estudiante de bachillerato– y mientras unos teníamos ratos de oración o animábamos con cánticos, otros intentaban echar una cabezadita, o charlaban, o hinchaban unos globos que al día siguiente íbamos a soltar al paso del papamóvil”… Unos mil globos blancos y amarillos que el Santo Padre vio elevarse hacia el cielo, cuando faltaban pocos metros para que entrara en la Sagrada Familia. “Fue muy emocionante –sigue Alberto–; en la parroquia acogimos a unos 200 jóvenes que venían de Madrid y, entre todos, hinchamos los globos, preparamos carteles de bienvenida en varios idiomas, hicimos banderas vaticanas…”. Otro grupo consiguió colgar unas cuantas pancartas a lo largo del trayecto que iba a hacer Benedicto XVI desde el aeropuerto hasta el arzobispado. Los colores vaticanos llenaron balcones y calles; blanco y amarillo que también tiñeron los tres kilómetros y medio de recorrido del papamóvil hasta la Sagrada Familia, el domingo por la mañana.

Cuando el arte lleva a Dios

Dedicación del Templo de la Sagrada Familia “Sublime” podría ser la palabra que a uno le pasara por la cabeza al entrar por primera vez en la Sagrada Familia y “sublime” podría ser lo que pensara el Papa, de este magnífico templo. Quizá fuera, este, uno de los motivos por los cuales le dijera al Cardenal Sistach, durante el almuerzo de después: “Ha sido una celebración que nunca olvidaré”. Benedicto XVI venía a Barcelona “para –como decía a su llegada en tierras españolas– alentar la fe de sus gentes acogedoras y dinámicas” y dedicar a Dios un templo “en el que se refleja toda la grandeza del espíritu humano que se abre” al Altísimo.


La belleza –decía en su homilía– es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza”. 
Y era esta belleza la que el Santo Padre veía en la nueva basílica menor y venía a mostrar:

Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre”.
A eso de las 10 de la mañana –después de un breve encuentro con los reyes de España–, Benedicto XVI empujaba por primera vez las puertas de entrada al templo. Era el comienzo de una solemne ceremonia en la que el pueblo no pudo contener su emoción, y el canto del Tu es Petrus se confundía con un aplauso atronador. El Santo Padre no podía –y no querría– esconder su alegría y al paso de la peregrinación, fue acercándose a los niños que estaban junto al pasillo central: para bendecirles y mostrar su cariño.
La ceremonia de dedicación de una iglesia es uno de los ritos más solemnes. Además, el lugar, por ser el único templo de estas características en todo el mundo –como si de las antiguas catedrales se tratara, es levantado con el paso de los siglos y del esfuerzo personal de muchas personas–, lo hacía todo más magnánimo, si cabe.

Entre ese inmenso bosque de columnas –así definía Gaudí la Sagrada Familia–, el Papa procedía a la unción del altar –símbolo de Cristo, el “Ungido”–; la incensación, significando el Sacrificio de Cristo que ahí se va a perpetuar; el revestimiento de la mesa del Señor; y la iluminación, como símbolo de la luz que es Cristo. Es, recordaba el Santo Padre, “un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma”.

Santuarios de Dios

Dedicación del Templo de la Sagrada Familia - incensación Benedicto XVI, como vicario de Cristo en la tierra, venía a España a confirmar a sus ovejas. Por eso, en el marco incomparable del templo de Gaudí, habló de belleza como conducto hacia Dios, y de sacralidad de la vida y la importancia de la familia. En referencia al signo que es, un templo, del verdadero santuario de Dios, el Papa se refirió, en su visita a la obra benéfico-social Nen Déu, al santuario de Dios que es todo hombre y “que ha de ser tratado con sumo respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad”. Ahí, estas palabras tomaban especial fuerza ya que esa obra, dedicada a la educación y tratamientos médicos de niños y adultos con disminuciones físicas, psíquicas y ancianos en soledad, cada vez tiene menos niños con síndrome de Down, pero no porque haya menos, sino por la lacra del aborto.

En Nen Déu, el Papa fue más padre que nunca. Ahí llegó a primera hora de la tarde y ya muchos fieles le estaban esperando para poderle saludar. El Santo Padre quiso saltarse el protocolo y, antes de entrar, fue a saludar a los jóvenes de las primeras filas. Estuvo un rato con ellos y después hizo lo mismo al entrar. Fue saludando, bendiciendo y acariciando a todos los enfermos, mientras éstos le correspondían.

Santo Padre –le pedía Antonio, uno de los enfermos que le dirigió unas palabras–, llevadnos siempre en vuestro corazón de padre”. 
Y María del Mar le contaba que,

aunque somos diferentes, nuestro corazón ama como el de todos y queremos ser amados. También queremos dar las gracias a nuestros padres que nos han dado el don de la vida y a los que nos cuidan cada día”. 
Benedicto XVI les correspondía felicísimo:

me despido de vosotros, dándoos gracias por vuestras vidas (…); ocupáis un lugar muy importante en el corazón del Papa. Rezo por vosotros todos los días, y os pido que me ayudéis con vuestra oración a cumplir con verdad la misión que Cristo me ha encomendado”.

En nuestra casa


“Gracias”. Es lo que parecía desprenderse de las bocas de los más de mil jóvenes que fuimos a despedirle en el aeropuerto. En nuestras mentes resonaban aquellas palabras de María del Mar, la niña que le dirigió unas palabras en la obra Nen Déu: “gracias, Santo Padre, por venir a nuestra casa”. Benedicto XVI, despedido por los reyes, se fue conmovido y pidiendo a Dios que “se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad”.

Aunque nos recordó que espera volver en agosto, para la Jornada Mundial de la Juventud, su camino hacia el avión fue acompañado por los cantos de los jóvenes: “no te vayas, todavía, no te vayas, por favor, que hasta la guitarra mía llora al decirte adiós”.

*****

El trabajo de los voluntarios

"Com un gran bosc" (Gaudí)

En jornadas como la del 7 de noviembre, nunca falta el empuje y la vitalidad de los voluntarios. Desde primerísima hora de la mañana, ataviados de color azul y con una sonrisa en los labios, los más de dos mil jóvenes querían acompañar y servir a las cerca de 300 mil personas que se acercaron para estar cerca del Papa. Algunos tuvieron la dicha de estar dentro del templo, pero otros –la mayoría– en las distintas zonas habilitadas acomodaban a los fieles y procuraban prestar toda la ayuda que estuviera a su alcance: indicar puestos de ayuda, repartir los misales hechos para la ocasión…

Especialmente encomiable fue el servicio que hicieron al facilitar la labor de los sacerdotes. Eran muchos los fieles que se acercaban a confesar –el sacerdote, en medio de la calle, sentado en una silla, y el penitente al lado–, avisados por los voluntarios. Ricardo, por ejemplo, recuerda: “en mi zona pasaron a confesar medio centenar de personas; y sé que en otros muchos puntos había sacerdotes que no pararon de oír confesiones”.

Barcelona se convirtió como un ensayo de lo que esperan poder ofrecer en agosto, en Madrid.


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Las manos alzadas de un santo

Será como la gripe: al estar cerca de un santo, algo se quedará... y si ha estado 40 años... D. Stanislao Dziwisz me acogió muy bien en el palacio arzobispal de Cracovia. Es un hombre sencillo, amable. Yo era la primera vez que entrevistaba a un arzobispo; y no uno cualquiera. Conoció a Juan Pablo II casi como la palma de su mano: fue primero secretario del Wojtyła arzobispo de Cracovia y, después, del Papa con uno de los pontificados más largos de la historia...

Yo también tuve la inmensa suerte de saludar, una vez, a Juan Pablo II. Fue unos segundos. Medio minuto, quizá. Pero un momento que no podré olvidar. Y con ese momento -con la foto de ese momento-, empezamos la entrevista: "Non ai cambiato nulla!", me dijo... Bueno... entonces tenía 16 años: algo sí he cambiado... o no :) Sea como sea, me gustó su detalle. Al final, me regaló cinco rosarios bendecidos por su obispo, como le había llamado él.

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Hace seis años, cuando el cortejo de cardenales y obispos, presidido por Joseph Ratzinger, se disponía a celebrar la Santa Misa por el alma del Papa fallecido, hacía horas que miles de fieles estaban en la plaza de San Pedro esperando ese momento. Algunos, espontáneamente –como obligados por un impulso del corazón–, no dudaron en proclamar la santidad de Juan Pablo II: “Santo súbito!”, rezaban las pancartas. Como sucediera en la Edad Media, era el pueblo –aquél al que tanto amaba el Papa Wojtyła– el que pedía a la Iglesia que fuera declarada la santidad de una de sus ovejas y –en este caso– gran pastor. Un deseo que se hizo realidad a partir del primero de mayo…

No obstante, posiblemente, quien más sentiría ese momento fuera Stanisław Dziwisz –D. Stanislao, como se le conoce en todo el mundo–, casi 40 años al servicio de Wojtyła. Gran esquiador de joven, quinto de siete hermanos, no había cumplido los veinte, cuando decidió entrar en el seminario. Ahí conoció por primera vez al profesor Wojtyła: “Era un hombre de profunda vida interior; un intelectual. Y a la vez nada distante y muy humano”. Ordenado en el 63, Dziwisz fue enviado primero a una parroquia polaca donde estuvo apenas dos años y después le pidieron que continuara los estudios de teología. Y así fue como, en el 66, el arzobispo de Cracovia se fijó en él y reclamó su presencia… Era un 8 de octubre que se le quedó gravado…

“Vendrás conmigo”, me dijo. “Aquí podrás seguir con tus estudios y me ayudarás”. Y me nombró su secretario personal.

No fue la primera vez en que le pidieron que hiciera algo que no tenía previsto, ¿no?

Bueno, efectivamente… En 1978 nadie podía imaginar que fuera precisamente mi obispo el que acabaría tomando posesión de la sede de Pedro. ¡Un Papa eslavo! Yo estaba emocionadísimo, como toda Polonia…, pero triste porque me daba perfecta cuenta de lo que se le venía encima. En realidad, quería irme, volverme a Polonia, pero él me pidió que me quedara…, como esa vez. “Vendrás conmigo”… y así fue. Hasta su muerte.

¿Qué recuerda de esas últimas horas? ¿Le lloró?

Sí, claro. ¿Cómo no íbamos a llorar los que estábamos tan cerca de él? En las últimas semanas le vi sufrir mucho; le costaba especialmente tener que quedarse sin voz, como cuando intentó dar la bendición “Urbi et Orbi”, desde su ventana, su última Pascua en la tierra: tan solo pudo susurrar un imperceptible “no tengo voz”, y dar la triple bendición con la mano… Sí, es 2 de abril fue un momento duro; pero a la vez, un momento de alegría, porque ya se había ido al Cielo. Cuando falleció, la oración que nos salió del alma no fue un réquiem, sino un Te Deum de acción de gracias. Dábamos gracias por el Papa que Dios había concedido a su Iglesia. De hecho, yo nunca celebré una Misa de réquiem para él: estaba seguro de su triunfo celestial.

¿Vio un gran cambio en el Wojtyła que llegó a ser Papa?

No, no. Karol Wojtyła fue siempre el mismo. No cambió cuando le nombraron obispo o cardenal; y tampoco lo hizo cuando pasó a ocupar la sede de Pedro. Era la misma persona. Naturalmente con una responsabilidad mayor, con más preocupaciones, pero el mismo de siempre. Y es que, en el fondo, su vida “exterior”, por decirlo de algún modo, crecía pareja a una gran vida interior, y de un modo muy natural. No tenía que cambiar porque era un hombre de mucha oración; también siendo joven: lo dicen sus compañeros y colegas del colegio, en el seminario… No lo digo yo porque haya sido su secretario casi cuarenta años y me sienta como en la obligación de hablar bien de él. Es que realmente era así: muy divino, y muy humano.

¿Podría hablarme un poco de esta humanidad?

Contrariamente a lo que se podría imaginar de un hombre tan conocido, Juan Pablo II era muy sencillo en el trato, no exigía gestos de servicio, tenía muy buen humor… Un hombre normalísimo. A menudo, por ejemplo, cuando volvía de las  audiencias, antes de sentarse en la mesa para comer, se dejaba caer por la cocina para lavarse las manos y ver qué habían preparado las hermanas…

¿Le gustaba la comida?

Bueno, en realidad eso lo hacía para estar con las que estaban ahí: tenía un trato muy familiar con quienes vivíamos más cerca de él. De hecho, no solía saber qué comía: excepto al final de su vida, no tenía especiales problemas para comer… Eso sí: le encantaban los dulces y el café. Por lo demás: cualquier cosa.

Pues en Italia hay muy buenos cafés…

… y los disfrutaba… También era muy propio de su humanidad la gracia y el humor que tenía. ¡Cómo se reía en los primeros años de los encuentros UNIV, en Semana Santa! Le encantaban los chistes: en Cracovia hay un viejo obispo que, cuando iba a Roma, venía con un cargamento de chistes para contárselos al Papa. Le gustaba reírse, estar con la gente, cantar… Y cuando podía –que no era muy a menudo– disfrutaba viendo una película. A veces historias de la Pasión u otras que le hacían pensar y rezar, pero también otras como aquella serie italiana que tanto le divertía… ¿Cómo era…? ¡Don Camilo! Le divertía mucho. Sobre todo porque era un tema que él había vivido durante la Polonia comunista y lo conocía. Ten en cuenta que él era poeta, artista, escritor…; tenía muchos talentos que estaban presentes en su día a día.

Supongo que eran los mismos talentos que usaría para meterse en el corazón de la gente, ¿no?

Sí, pero sobretodo su “secreto” era cómo vivía inmerso en Dios: con su oración, con su contemplación, estaba continuamente con Dios, y lo notabas. Y la gente que le trataba, directa o indirectamente, sentía que en aquella persona había algo más…; este “más” era Dios. Amor hacia Dios que transmitía al amor hacia cada uno. Para él era importante todo el mundo: mayores, pequeños, pobres, ricos…; siempre veía a Dios en el rostro de los demás. Cuando tenía prevista alguna audiencia primero encomendaba a las personas con las que iba a estar, y después las atendía; ya fueran personas singulares o naciones enteras. Se lo oí decir una vez: “para el Papa, lo más importante es la oración. Esas manos alzadas que, como las de Moisés, sostienen a su pueblo”.

Así se prepararía, también, para los encuentros con millones de jóvenes en las JMJ…

Así es. Preparaba los discursos, se estudiaba el programa que se iba a seguir… Él siempre buscaba responder las preguntas de los jóvenes, y éstos notaban su sinceridad. Por eso era tan aceptado y querido. El Papa sabía qué tenía que decir a los jóvenes, cómo guiarlos, y ellos se daban cuenta de que estaba ahí para ayudarles y orientarles. Digamos que vivía tan metido en Dios, que no tuvo que aprender a meterse en el corazón de la gente, y todos lo notábamos.

A pesar de sus más de ochenta años, se le veía fuerte; joven, incluso

Una vez, dijo: “quien ama, no envejece”, y él amaba mucho. Por eso se mantuvo siempre tan joven de espíritu. Yo siempre digo que su fuerza también fue, ciertamente, física, pero sobre todo espiritual. Dicen que le gustaba la montaña, y es verdad; pero más que nada como excusa para estar en contacto con el Creador. Durante las caminatas, no hablaba: sí al inicio, cuando comíamos o nos parábamos pero, por lo demás, rezaba. En constante contemplación.

Parece como que fuera una oración muy extraordinaria…

¡No, no! Nada más lejos de la realidad. En esto también era un hombre muy normal… Quizá se podría considerar extraordinario cuando quería tener unos ratos solos en la capilla…; cuando estaba ahí, le oíamos cantar o hablar al Señor en voz baja… posiblemente sin saber que alguno le espiaba… Son los dones que Dios otorga a las personas santas.

De todos modos, también los santos han tenido defectos; ¿qué era lo que más le molestaba de sí mismo, al hombre Karol Wojtyła?

Bueno… seguramente será parte de su vida interior la que tendríamos que escudriñar… Al principio, se retrasaba en las cosas previstas, pero con el tiempo llegó a ser muy puntual y muy ordenado; incluso durante los viajes: el Via Crucis, los viernes; la hora de adoración, los jueves… Nunca se saltaba nada: –Santo Padre, hay que ir a… –Primero la oración, decía… Sinceramente, por más que intente buscar debilidades suyas, ¡no las encuentro!

¿Lo vio, alguna vez, triste?

¿Triste? Había cosas que le entristecía, pero yo diría que lo vi normalmente muy alegre. Él, por esa capacidad de meditar las cosas, de hablarlas con Dios, conseguía un distanciamiento –por decirlo de algún modo– que le transmitía mucha paz y serenidad. A veces le hemos visto muy enérgico al decir las cosas, pero siempre con argumentos, nunca con emociones. Pero hablaba fuerte y claro: como aquella vez, contra la mafia siciliana, advirtiéndoles sobre el juicio final; o al presidente de los Estados Unidos de entonces, o al de Irak: “¡Yo conozco qué es la guerra! No comencéis una nueva, que con la guerra no se resuelve nada”… Y tenía toda la razón, lo estamos viendo hoy, aún: tantos años, tantas muertes…

Recuerdo una vez, en San Pedro, en que remarcaba el que “había sobrevivido la guerra”…

Sí: después del ángelus. Hablaba desde la experiencia de un polaco que había sufrido en su propia carne dos totalitarismos. Y hablaba, también, un hombre que tenía una gran visión de futuro que al final ha resultado ser profética… Como la oración por la paz, en Asís, que tampoco fue comprendida por muchos, aunque entendida por otros, como el mismo Ratzinger: no es cierto que se opusiera… Así como para algunos era difícil seguir el ritmo del Papa, su sucesor lo entendía perfectamente.

Otra lucha que libró fue la de las raíces del viejo continente. ¿Cómo veía Europa?

Cristiana, sin duda. Negar las raíces es negar la propia alma de Europa: eran los cimientos, lo que estaba en juego, no la opinión personal de un Papa. Europa negaba lo que hoy sería clave. Necesita recuperar los valores que la han hecho tan grande.

¿No le entraba el pesimismo ver cómo tantas veces no se le escuchaba o los medios no colaboraban en su misión?

Karol Wojtyła nunca se dejaba llevar por lo que dijese la prensa. Sabía perfectamente que una cosa era los juicios de los medios, y otra muy distinta lo que realmente quería y pensaba la gente, también los no católicos. Por eso, nunca dejaba espacio al pesimismo… Hoy podemos ver que estamos muy envueltos de un gran relativismo y una falta enorme de valores morales; no obstante, yo también soy muy optimista. Veo una fuerza regeneradora que lleva al cambio. Es la nueva primavera de la que tanto habló Juan Pablo II.

Un Papa que rezaba mucho, que amaba; artista, divertido…, pero ¿qué es lo que le hizo un Papa tan grande?

Son muchas cosas, como tú bien dices. Era un Papa que tenía un gran corazón y supo darlo con gran generosidad. A Dios y, por Él, a todos y cada uno. En las audiencias, en los viajes, en encuentros ocasionales… Era un Papa que con los gestos y con las palabras –con su presencia– a su vez hacía muy presente a Dios en el mundo. Un Papa que Dios nos ha dado tantos años… son razón suficiente para cantar ese Te Deum, el día de su fallecimiento, ¿no te parece?


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Una arquitectura para la humanidad

Cameron Sinclair es un arquitecto inglés afincado en los Estados Unidos, co-fundador de la organización sin afán de lucro Architecture for Humanity, con la finalidad de construir necesidades arquitectónicas en zonas afectadas por desastres naturales. Estuvo hace poco en la UIC, para dar unas clases en el máster International Cooperation: Sustainable Emergency Architecture. Ana Cañizares -colega de profesión- y yo le entrevistamos en el plató de la UIC. Aquí os dejo un resumen en vídeo de lo que próximamente publicaré para el Newsuic.


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Eugeni Bregolat: "Lo que ocurre en China cambiará la historia del mundo"

Este entrevista la hice hace ya un tiempo, en mayo-junio de 2007... Fue una de mis primeras, publicada en el Newsuic número 15: Eugenio Bregolat había ido a la UIC, donde presentó su libro La segunda revolución China, en la que emulaba -con una portada con dos gatos, uno negro y otro blanco-, un proverbio chino: "¿Gato negro o blanco? ¡Qué más da! Lo importante es que cace ratones", que hace referencia a lo pragmáticos que son los chinos (hoy, con las compras de deudas que están haciendo, se ve mucho este ser pragmáticos).

Me acordé de él porque leí la noticia de que acababa de ser nombrado, por tercera vez, embajador de España en China. En el momento de la entrevista era embajador en Andorra. Aquí os la dejo y, aunque en catalán, creo que se entenderá...

Bregolat era un enamorado -y un experto- de esa república popular... Hoy, el destino o la providencia, ha querido que vuelva ahí...

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“Gat negre o blanc? Tant li fa! L’important és que caci ratolins...”: així diu el proverbi xinès que Eugeni Bregolat (64) fa servir per parlar del pragmatisme de la Xina. I no ho fa en va. S’ho coneix com si fos la seva ombra: va arribar a aquest país com ambaixador d’Espanya, en el momento just: dos anys després serien els successos de Tiananmen (1989) i allò va forçar un procés de canvi econòmic i social que ja havia començat. Xina s’obria camí cap un futur totalment nou. I tot –diu–, per culpa o gràcies a un “homenot de poc més de metre i mig d’alçada” a qui Bregolat considera com “un dels personatges més importants del segle XX”: Deng Xiaoping. 

Ha treballat a Xina, Indonèsia, Rússia, Canadà... i ara Andorra: quin país li sembla més Interessant?
Xina, sens dubte. Jo hi he pogut viure en dues dècades diferents i he estat un observador directe del gran salt que ha fet en aquests temps. Ho he viscut en primera persona, i realment em considero un observador molt afortunat: el que està passant en aquestes dècades canvia la història mundial. Saps què vol dir això?

Bé, potser no ens n’adonem del tot...
Pensa que el que tots els països han fet en una evolució de segles, Xina ho ha fet en gairebé trenta  anys! El seu PIB s’ha multiplicat per 8 o per 10 en tres dècades i amb uns altres trenta anys podria tenir el més gran del món; la renta per càpita està en uns 2.000 dòlars, tretze vegades més que aleshores; la pobresa ha disminuït en 500 milions de persones; avui hi ha un gran nivell sanitari i educatiu; augment de l’esperança de vida... És el mateix país, però com si fos un altre. Això és com un miracle, i tot gràcies al geni polític de Deng Xiaoping.

Però, la gent –el poble– n’està contenta?
Digues-me quin país ha fet aquest  canvi, i en parlem. De fet, si es fessin eleccions democràtiques, jo crec que el Partit Comunista sortiria elegit amb una àmplia majoria. És veritat que segueix havent-hi pobresa, però ja avui hi ha una gran quantitat d’empresaris privats que són veritables capitalistes, i, a més, estan inscrits a les files del PC! Avui el poble xinès viatja, estudiaa l’estranger, té un mòbil, Internet...

... Encara que sense gaires llibertats.
Sí, és veritat. Però, d’altra banda, el govern de Xina ha entès que si no obren la mà, no aconseguiran aquella evolució que volen. L’Estat està convençut que una certa llibertat d’expressió és important; de fet, avui la major part dels mitjans de comunicación són privats; sense subvencions, el que vol dir que han de treballar-s’ho per captar els lectors, dient el que els agrada sentir, el que no diuen els altres.
S’està constantment tantejant quin és el límit de la censura, fins a on es pot arribar. Amb Internet passa el mateix: seria com posar portes al camp. Tot i la censura, un internauta una mica hàbil, pot fer el que vulgui... És el preu que ha de pagar el govern, si volen aconseguir els seus objectius principals.

I quins són aquests objectius?
El Comunisme, la situació ideal: la gran Esperança Comunista.

Ara sí que no entenc res!
No és el socialisme del monopoli de la propietat pública i dels mitjans de producció, del centralisme de l’economia, sinó el socialisme de Deng. És a dir, Xina ara està en una fase inicial que pot durar uns 100 anys. I aquesta fase és essencial perquè hi hagi un equilibri econòmic i social. Després vindrà la fase intermèdia i, finalment, la madura. Total..., uns 300 anys. És en aquest sentit que podem parlar de socialisme i no capitalisme.

I s’ho creuen?
Suposo que algns sí. El mateix deia Marx, el que passa és que Rússia no ho va saber fer. Gorbatchev no es va adonar que el partit és l’instrument esencial per evolucionar i, en canvi, se’l va carregar d’arrel. Deng va entendre que socialisme i nacionalisme anaven de la mà. Per això va proclamar que tot el que contribuïa al desenvolupament del país, a millorar el benestar del poble, valia per aquesta fase inicial.

I en cap moment pensen en la democràcia?
Estan creant la base perquè un dia pugui haver-hi un teulat democràtic: classes socials, educació, informació... Si arribaran o no a aquest teulat, no ho sabem. No exclouen la democràcia, però seria una democràcia a la manera que a ells els sembli; en tot cas, sempre diferent a la nostra. No volen, de
cap manera, una democràcia liberal, però sí un país ric i fort.

Realment és un país de contradiccions...
Sí, i per això mateix apassionant.

Hi tornaria?
... Quan em jubili –que els diplomàtics podem esperar fins els 70–, m’agradaria fer com els vells funcionaris xinesos, que fugien de la lluita revolucionària, del poder i la democràcia: es retiraven al camp, per escoltar ocellets, mirar com plou, i escriure... i contemplar.

Entrevista a Eugeni Bregolat


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Bon Nadal! / ¡Feliz Navidad! / Buon Natale! / Merry Christmas! / Joyeux Noël!



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A vueltas con un "hombre del tiempo"


En Tomàs Molina, en la realitat, és com se'l veu a la "tele": simpàtic, i atent al que li demana el seu interlocutor. Casat i amb tres fills és un home molt familiar. Vaig estar amb ell el passat 27 d'octubre, i vam estar parlant de moltes coses: del temps a TV3, del canvi climàtic i dels últims desastres naturals que hi ha hagut al món, de l'última gran nevada... i també de Déu. Ell -creient- va fer broma quan vam recordar les oracions del conseller Baltasar a la Moreneta per a què plogués: "hi va resar, i no va parar de ploure... ¡sort que hi va anar! Si no, encara hi seríem"... Què diu del seu doble i el "minimolina"? "És d'aquelles coses que t'has d'acostumar i deixar... Quan ets conegut, has de renunciar a una part de tu, perquè ets dels altres... No es pot comparar en ser pare, però s'hi assembla. Santa paciència! Ep! Però que consti que no m'agrada, eh! Les coses com són... El que passa és que els funciona i no m'acaben de matar... Per mi, quan pugui, li poso arsènic...". Amb un somriure.

Us la deixo tot seguit, sencera i tal com va sortir publicada al Newsuic.

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D’una pel·lícula, fàcilment recordem la banda sonora que l’ambienta. La del temps a TVC, també és d’aquestes: un “tirururí...” i, abans, una empresa petrolífera que ens l’oferia... Ser home del temps és ser un dels personatges més vistos dins d’un dels programes de màxima audiència de la televisió a les nostres terres. En Tomàs Molina (47), físic i periodista, hi porta més de vint anys parlant-nos del que farà...: un pronòstic que “respon a una equació molt complexa, amb moltes variables meteorològiques que depenen unes de les altres...”. Fa pocs dies el vam tenir a la UIC, per inaugurar el Taller Vertical, i parlar-nos de climatologia i del seu paper d’home del temps.

Què és millor, un periodista científic o un científic periodista?

El que cal és voler fer bé la tasca que fas... Quan un fa ciència i societat ha de fer concessions per les dues bandes: has de poder simplificar, però també cal ser rigorós. És un equilibri necessari per comunicar: la gent t’ha d’entendre si no, no hi ha comunicació... És com una “digestió” prèvia: mirar de fer-se entendre, sense renunciar a nomenar coses que, d’entrada, poden semblar més complicades, com ara parlar de les “línies isòbares”.

Això és el que fa que sigueu tan vistos?

Sí i no. A mi em sembla que a TV3, a més de fer un programa d’informació, hem fet un espai amb el que la gent s’identifica, i a nosaltres ens relaciona amb ella... De vegades dic que el nostre secret és el “veus?!”

...

Si avui surts al carrer, i notes que fa fred: “ui, quina fresqueta aquest matí!”... i després poses la tele, i l’home del temps de torn et diu: “quina fred ha fet aquest matí!”... “Veus?!”: et sents reafirmat en allò que tu has vist... Crec que ho aconseguim bastant perquè tenim contacte amb gairebé tothom.

Però de vegades no s’encerta...

Pot ser, efectivament, que no s’encerti del tot, però això no vol dir fallar. El temps és una evolució de moltes coses. Si el mapa s’equivoca, m’equivocaré jo, perquè nosaltres interpretem el que diu el mapa. Si no ho tenim clar, ho compartirem amb tu; i si s’apropa un pont o vacances et deixarem clar que no ho tenim clar, i t’ho ensenyarem i t’explicarem perquè pot passar això o allò altre. És el que jo en dic la “responsabilitat del pronòstic”: el socialitzem. Així, o donem quelcom perquè s'entengui el perquè de la pluja del matí o de la tarda, o la gent tendeix a oblidar-ho.

En quin percentatge d’encert ens movem?

Si hagués d’encertar el temps de tot arreu en concret, et diria que mai, però les prediccions que fem entre avui i demà estan molt per sobre del 90% d’encert; lògicament, a mesura que passen els dies, aquest percentatge disminueix, però només el sisè dia ens movem per l’ordre d’un 60%... De fet, ara s’encerta més el sisè dia que quan jo vaig entrar s’encertava el demà passat.

És entretingut ser home del temps a Catalunya?

És bastant entretingut: aquí passen força coses. També tenim grans tempestes, tornados; fortes nevades; pluges gairebé monsòniques, amb més de 400 litres per metre quadrat en alguns indrets... Molt de temps fa sol, però desgraciadament encara ens morim per la meteorologia. Òbviament no són fenòmens tan potents com poden tenir als Estats Units, però a l’hora de la veritat, t’és igual si ha estat un tornado gran o petit el que t’ha destrossat la casa, no?

Durant la nevada del passat març sí que hi vau estar força, d'entretinguts...

Sí; era una nevada que es va pronosticar... Potser ens vam equivocar una mica en la cota, que vam dir 200 metres i va acabar a zero... però amb aquests número, són coses que et pots esperar. El problema és que després de tot se'n fa molta controvèrsia política. Però és que a tot arreu, quan neva i no n'estem acostumats, hi ha ko's. I aquí, hi ha una espècie de mania de "nuevos ricos" de que tot és culpa del govern, i no crec que sigui així. Si les carreteres estan col·lapsades, vindran a netejar-ho, però si hi ha cotxes, serà més complicat...

Encara que ja no ens empaiti la sequera, seguim tenint problema de l’aigua?

Es repetirà. No és sols una qüestió de si plou o no... L’aigua és un recurs cada vegada més demandat, perquè som més gent. A Barcelona, durant els mesos de sequera de fa un any, vam aconseguir baixar la mitja a 100 litres per persona i dia, quan l’habitual ronda els 150. Ja no es podia reduir més! Calen noves infraestructures de l’aigua, i aquest és el paper, per exemple, de les dessalinitzadores, però que, d’altra banda, són tremendament cares: d’on sortirà l’energia que necessiten, aleshores? En el fons és un replantejament de la nostra manera de funcionar. Avui tenim la sensació de que tot és màgic, i cal tornar a pensar si ho necessito realment, no si m’ho puc pagar...

Això ens porta a parlar, també, del canvi climàtic; existeix, realment?

Sí: és una realitat que està passant, però no ens ho hem de prendre com un cataclisme, sinó com una realitat a la que ens hem d’adaptar, i ja està. La terra s'ha escalfat, i això fa que canviïn els entorns: avui tenim el mosquit tigre, i abans no n’hi havia; ens hem acostumat a sentir el crit estrident del lloro, enmig de l’eixample: abans era impensable... I d'altres indrets històricament més freds com Polònia o Noruega acaben sent més turístics a l'estiu perquè ni hi fa fred, ni l'aigua del mar tampoc no és molt freda: hi ha més oferta turística. És un fet. Com que també és un fet que totes les estacions que tinguin la cota baixa per sota els 1600-1800 metres, ja no tenen futur.

De vegades, però, pot semblar massa exagerat, com Una verdad incómoda...

El documental d’Al Gore va portar una cosa al debat mundial, i això no és gens trivial. Que tothom en parli, ja és molt: crec que sí es mereixia un premi Nobel... És veritat o mentida? La pujada dels nivells dels oceans és molt probable; de fet, ja està passant en alguns indrets. Per nosaltres potser no és important, però per algunes illes sí... És difícil posar d’acord a tot el món: hi ha molts de lobbies, controvèrsies, punts de vistes diferents... de tot; però la realitat és la realitat: hi ha escalfament i el món està canviant. És bo o és dolent? Tant li fa. D’aquí a trenta anys no seré com als 45.  Et faràs gran... vulguis o no vulguis; per tant, hauràs de fer una vida que t'hi permeti arribar. Serà millor o pitjor? M’és igual. M’hi hauré d’adaptar, això sí.

Entrevista a Tomas Molina


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Barça y belleza...


Hace un tiempo, cuando el Barça ganó la Champions en Roma y Guardiola se mostraba como el mejor entrenador que ha tenido el equipo en mucho tiempo (aún le faltaban unas cuantas copas más para ganar esa temporada), nadie negaba el arte que salía del juego del F.C. Barcelona. Entonces, publicamos un artículo en el Newsuic del profesor de la UIC Ignasi de Bofarull. No obstante yo, como redactor jefe, tuve que recortarlo porque no entraba entero. Hoy, pocos días después de ese fantástico 5 a 0 contra el Madrid, en el Nou Camp, he pensado que era un buen momento para publicarlo entero. Pienso que explica muy bien cómo es el juego del Barça: deporte y belleza...

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Para empezar debo decir que estoy fascinado por el Barça. He perdido la distancia y mis consideraciones pueden ser más las de un seducido hooligan ante el televisor  que las de un analista  distante y prudente. También es verdad que como el cronista andan muchos más por ahí sedientos de fútbol celestial  para expresarme con las palabras del ensayista y novelista Luis Racionero.

Y es se ha hablado del fútbol como espectáculo, como fenómeno de masas, como símbolo de enfrentamientos tribales, sin embargo poco habíamos oído hablar del fútbol como una obra de arte hecha de inteligencia, armonía y proporción.  Tras la final de Roma y después de conseguir tres copas en una misma temporada vale la pena seguir de cerca este cambio. Al Barcelona se le ha identificado con el auténtico fútbol, aquel deporte lleno de audacia que ataca y ataca  de un modo creativo frente a otro fútbol más de contención y confiado al músculo. El Barcelona destaca frente a  un fútbol basado en  la fuerza y, en una palabra, más llamado a la destrucción. Una destrucción que sabrá encontrar un resquicio en un contragolpe para, rácano, conseguir un gol decisivo con poco riesgo. El Barcelona ha ido por otros derroteros, ha proporcionado felicidad a sus aficionados y a los que no lo eran y  ha inclinado a los seguidores de otros equipos y a periodistas de otras latitudes a descubrir en el Barcelona belleza y arte.  Tras la final de Roma y repasando la prensa de la capital de España y también la británica, nada sospechosas ambas de mirar al Barça con percepciones de supporter, se encuentra ese juicio unánime: El Daily Mirror señala que el “United jugó como hipnotizado por la belleza creativa del Barça…”. The Times observa  que el “Barça elevó este deporte al arte más sublime”. El Marca dice simplemente “este equipo es una obra de arte” y el otro diario deportivo madrileño, el As, es aún más contundente: “Pues sí, la perfección existe”, refiriéndose al Barça de la final de Roma.

LigaImage by tpower1978 via FlickrLa pregunta es si todos estos calificativos son exagerados. No lo sé: quizá.  Periodistas deportivos de más rincones del mundo apuntan en la misma dirección. Parece cómo si con este Barça se hubiera descubierto una nueva apuesta futbolística. El cronista que esto escribe afirma sentirse aturdido y además falto de paladar para apreciar este nuevo fútbol. Y es que hay quien afirma que emerge un nuevo estilo de juego en el Barça que va a lograr que el fútbol vaya a más, imitado por otros clubes y selecciones nacionales.

Dicen que este modo de jugar va a hacer ganar al fútbol en general frente al no-fútbol de patadón y tente tieso, físico y  de cerrojo. César Luis Menotti señala, desde Argentina,  “que ganando el Barça ganamos todos los que amamos al futbol”.  También otros comentaristas señalan que este Barcelona va a hacer escuela, va a marcar un modelo de gestión, una forma de trabajar la cantera. Y ahí nos encontramos con los  siguientes peldaños: el papel de la Masía, la apuesta holandesa de las últimas dos décadas y la personalidad del entrenador Pep Guardiola.

La Masía ya no puede pasar desapercibida como escuela de fútbol y también de humanidad. Los expertos señalan que los jóvenes que pasan por la Masía aprenden a ser técnicos futbolistas del tiki-taka pero también personas. Si nos acercamos a Iniesta, Xavi, Messi parece que no estamos ante petulantes futbolistas que nadan en el lujo, la prepotencia y la frivolidad. Ni desde luego son jugadores de choque: ¿son quizá artistas?  Parece claro que desde el lejano Milla hasta los Xavi y Iniesta de hoy hablamos de “peloteros”, tal como se señala en el argot futbolístico, que siguen la línea iniciada por Cruyff, seguida por Van Gaal, Rijkaard y confirmada por otro alumno de la Masía y de la línea holandesa: Pep Guardiola. Llegar a Guardiola supone empezar a constatar que esta belleza no se improvisa, que no es una inspiración de jugadores tocados por las musas. Que no es azar. No; tras este Barça está Guardiola, un maestro exigente que habla de esfuerzo, humildad y fe en la victoria. Un maestro en sentido clásico, un maestro que educa y lleva a la excelencia a sus alumnos. Que sabe sacar lo mejor de ellos, de cada uno, conociéndoles y haciéndeles mejorar:   no hay más que ver los manteos de que fue objeto por parte de sus “alumnos”. Este Barça cree en sí mismo, y, de la mano de su entrenador, verdadero coach en sentido psicológico, crece en solidaridad y espíritu de equipo. “Si el Barça piensa, el público sonríe” afirma Guardiola. Si el Barça crea, me gustaría añadir, el público es feliz con la obra de arte, con la belleza, que nace  en el terreno de juego.  Pero no me hagan caso: estoy enajenado de tanta felicidad.


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